Morir en el desierto fronterizo entre México y Estados Unidos es una experiencia cercana al infierno. Una experiencia que, agentes de la patrulla fronteriza, se han propuesto apurar saboteando la labor humanitaria de quienes han luchado durante varios años contra la desaparición de inmigrantes que mueren deshidratados o por golpes de calor en el desierto.

Consumidos en vida por el calor y una agonía dolorosa que les evapora hasta los sesos, los inmigrantes contaban con esa línea de salvación que les dejaban distintas organizaciones humanitarias en contenedores de agua.

Hasta que los agentes de la patrulla fronteriza llegaron para sabotear esta ayuda, acuchillando los contenedores o confiscándolos. Condenando a una muerte segura a quienes se aventuran por las rutas más arriesgadas del desierto en Arizona, ante el reforzamiento de la seguridad fronteriza en California.

Según han denunciado las organizaciones No More Deaths y la Coalición de Derechos Humanos, los agentes de la patrulla fronteriza han decidido condenar a cientos de inmigrantes a una muerte segura saboteando la labor de voluntarios que todos los años recuperan los restos de inmigrantes que murieron en su intento por llegar a EU.

“Mientras los voluntarios de ayuda humanitaria intentan mitigar la crisis de muerte y desaparición, los agentes de la patrulla fronteriza sabotean rutinariamente este trabajo y maximizan el sufrimiento de quienes cruzan la frontera”, se asegura en un reporte difundido por estas organizaciones.

“Estas acciones ponen en duda las propias afirmaciones de la Patrulla Fronteriza que aseguran actuar de forma humanitaria”, añaden estas organizaciones que acusan a la patrulla fronteriza de incurrir en una “práctica sistemática” de estos sabotajes para disuadir a miles de inmigrantes que lo arriesgan todo por llegar a EU.

Según el reporte, ”en las últimas dos décadas, los restos de al menos 7 mil personas han sido recuperados en los estados fronterizos”. Muchos de ellos terminan en las morgues de la zona sin ser identificados nunca.

Imagen del reporte con señalización de víctimas mortales

Los voluntarios que han asistido a cientos de inmigrantes durante varios años, han dado testimonio del insufrible trayecto que muchos superan por rutas conocidas como “las brechas del diablo” o en el corredor localizado cerca de Arivaca, Arizona.

“En el desierto, hay quien tiene suerte y muere de un paro cardiaco. Se desploman después de caminar durante dos o tres días.”, asegura Esteban Sánchez Urquidez en uno de los testimonios ofrecidos por la organización Grupo Cuauhtémoc de Derechos Humanos en el sector de Yuma y San Luis Río Colorado.

“Otros en cambio, experimentan muertes terribles. Sufren un largo proceso de combustión en vida. Primero se desorientan, luego sufren una psicosis por la falta de agua que les empuja a arrancarse los pelos, a escarbar en la arena hasta que se les desgarran los dedos y a comer plantas espinosas que no logran mitigar su sufrimiento.

“Las muertes más horribles las experimentan las mujeres y los niños, que son los más débiles. Las mujeres mueren desangradas porque el calor les altera todo el sistema hormonal y los períodos se les adelantan. En cuanto empiezan a sangrar, ya están condenadas a muerte”, añadió Urquidez.