“Es una dulce armita”, dijo Martin Bryant respecto a su rifle de asalto semiautomático AR-15 cuando fue interrogado por la policía. Hace 20 años, el 28 de abril de 1996, Bryant tomó esa arma y llevó a cabo una masacre en el estado australiano de Tasmania. En 24 horas, en lo que se conoció posteriormente como la Masacre de Port Arthur, mató a 35 personas e hirió a otras 23. La violencia e irracionalidad del hecho, la mayor masacre que ha tenido lugar en la historia postcolonial de Australia, impactó de tal manera a ese país que en el transcurso de doce días se acordó una extensa y completa legislación para el control de las armas de fuego. Desde entonces, no ha habido otro tiroteo masivo en Australia. Esto nos lleva a Orlando, Florida, y a otra arma semiautomática.

Aproximadamente diez días antes de cometer la mayor masacre perpetrada por un solo individuo en la historia moderna de Estados Unidos, Omar Mateen ingresó al Centro de Tiro de St. Lucie, en Port St. Lucie, Florida, y compró un rifle semiautomático similar al AR y una pistola semiautomática de 9mm. El propietario del comercio y exagente de policía de Nueva York, Ed Henson, sostuvo que Mateen “pasó el control de antecedentes que debe pasar toda persona que adquiera un arma de fuego en el estado de Florida”. Mateen era ciudadano estadounidense y poseía un documento de identidad con fotografía emitido por el estado de Florida que le permitía portar armas. Entró a Pulse, un discoteca gay de Orlando, donde se celebraba una Noche Latina, y abrió fuego. Mató a 49 personas e hirió a más de 50.

Rebecca Peters, de la Red Internacional de Acción contra las Armas Pequeñas (IANSA, por sus siglas en inglés), dijo en “Democracy Now!”: “En Estados Unidos, el control de antecedentes generalmente consiste en mirar en una computadora si una persona tiene una condena penal. Eso no es un control de antecedentes. En la ciudad de Nueva York, si una persona quiere alquilar un apartamento o si quiere anotarse en la universidad hay un verdadero control de antecedentes. Las autoridades hablan con gente que conoce a esa persona. Le piden su opinión acerca de ella. Y de la misma manera, en Australia y en la mayoría de los países desarrollados, un control de antecedentes consiste en pedir referencias: al médico de la familia, al cónyuge o excónyuge, y se les pregunta si hay algo por lo que preocuparse”.

Si Omar Mateen hubiera sido sometido a un control de antecedentes más completo, podrían haber surgido detalles acerca de que agredía a su primera esposa, Sitora Yusufiy, con tal intensidad que ella lo abandonó solo cuatro meses después de haberse casado. O que Dan Gilroy, un compañero de trabajo de la compañía de seguridad en la que trabajaba Mateen, G4S, sentía que Mateen era “inestable”, que estaba “desquiciado” y “lleno de rabia” y que era racista y homofóbico, según declaró a ABC News. A pesar de ello, los informes indican que Mateen fue visto en Pulse en numerosas oportunidades y que utilizaba aplicaciones de citas gays. Mateen, que era un ciudadano estadounidense nacido en Nueva York, hijo de inmigrantes afganos, fue investigado en dos oportunidades por el FBI por simpatías o declaraciones potencialmente terroristas. Aún así, adquirió dos poderosas armas semiautomáticas sin problema alguno.

Tras la Masacre de Port Arthur en Australia, Rebecca Peters encabezó la lucha que se libró a nivel nacional por el control de armas. “Para aquel entonces, habíamos luchado durante diez años para reformar las leyes que regulaban las armas, las cuales eran muy débiles en algunos estados y conformaban un desparejo collage a lo largo y ancho del país, como sucede en Estados Unidos. En abril del 96, ocurrió esta tragedia en la que murieron 35 personas y en ese momento, nuestro primer ministro dijo: ‘Llegó la hora. Después de la inacción de todos estos años, vamos a hacer algo’”. El primer ministro australiano de ese momento era el conservador John Howard.

Peters continuó: “Una parte crucial de las nuevas leyes es un adecuado control de antecedentes de las personas que solicitan adquirir armas. No se trata solo de la violencia doméstica, sino también de la depresión y el exceso de alcohol, así como de muchos otros factores que pueden ubicar a una persona en riesgo de cometer actos violentos, sin mencionar a personas que son apasionadamente racistas o resentidas”.

Las armas de fuego son aún legales en Australia, dado que, como dijo Peters: “La autoimagen de Australia es con frecuencia la de un hombre a caballo, al aire libre, con algún tipo de arma, no muy distinta de la imagen tradicional de los estadounidenses”. De hecho, los emblemáticos cazadores australianos al estilo “Cocodrilo Dundee” apoyaron la prohibición de las armas semiautomáticas, alegando que los “hombres de verdad” no necesitaban esas armas para sobrevivir en el campo. Australia cuenta actualmente con controles de antecedentes serios y las armas semiautomáticas son ilegales. Cuando la legislación fue aprobada, se obligó legalmente a los propietarios de armas como el AR-15 a vendérselas al Gobierno, tras lo cual esas armas fueron destruidas.

Esta semana, en Estados Unidos, el senador de Connecticut Christopher Murphy inició una acción obstruccionista en la Cámara Alta y prometió hablar, según dijo, “por todo el tiempo que pueda” para forzar al Congreso a iniciar un debate sobre el control de armas. “Estoy desesperado. Ya he visto suficiente. Ya he visto suficientes matanzas de inocentes y he visto la falta de acción de este organismo. Y es por eso que voy a permanecer en esta Cámara hasta que haya alguna señal, algún indicio de que podemos ponernos de acuerdo respecto a estas dos medidas, de que podemos encontrar el camino que nos permita avanzar para abordar esta epidemia de manera sensata y bipartidaria”.

Hace cuatro años, Christopher Murphy era miembro de la Cámara de Representantes cuando doce niños en edad escolar y seis adultos fueron masacrados en la escuela primaria Sandy Hook ubicada en su distrito. El asesino, Adam Lanza, utilizó un arma semiautomática similar al AR, al igual que lo hizo James Holmes en el tiroteo perpetrado en el cine de Aurora, Colorado, anteriormente ese mismo año. Estas armas habrían sido ilegales en virtud de una prohibición de las armas de asalto que el Congreso dejó expirar hace más de diez años. Es necesario prohibir las armas semiautomáticas, que no son otra cosa que armas de destrucción masiva, diseñadas para matar eficazmente a tanta gente como sea posible.


En la elaboración de esta columna participó Denis Moynihan.

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

*Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.