Científicos de la Universidad de Columbia han identificado el momento en que el cerebro transforma la información inconsciente en pensamiento consciente, ese flash en el tiempo cuando de repente se da cuenta de la información, como es saber la respuesta a una pregunta difícil. La investigación ha salido publicada en ‘Current Biology’.

Los hallazgos de esta vez en humanos, combinados con investigaciones previas, proporcionan evidencia convincente de que este momento, el sentimiento de haber decidido, penetra la conciencia cuando la información recogida por el cerebro alcanza un nivel crítico. Los resultados de este estudio sugieren además que esta perforación de la conciencia comparte los mismos mecanismos cerebrales subyacentes que se sabe que participan en la toma de decisiones más simples. Igualmente, el estudio ofrece una nueva esperanza de que los fundamentos biológicos de la conciencia pueden estar al alcance del ser humano.

“La gran mayoría de los pensamientos que circulan en nuestro cerebro ocurren por debajo del radar de conciencia consciente, lo que significa que a pesar de que nuestro cerebro los está procesando, no somos conscientes”, ha explicado el doctor Michael Shadlen, investigador principal en el Instituto del Comportamiento del Cerebro Mortimer B. Zuckerman, de Columbia, y autor del estudio.

Sin embargo, “la forma en que una parte de esa información burbujea hasta el nivel de conciencia sigue siendo un misterio sin resolver, pero ahora hemos encontrado una forma de observar ese momento en tiempo real y luego aplicar esos hallazgos a nuestra comprensión de la conciencia misma”, ha añadido.

Para Shadlen, los pensamientos más complejos que el cerebro humano puede experimentar –como el amor, el dolor, la culpa o la moral– pueden ser finalmente reducidos a una serie de decisiones, hechas por el cerebro, para comprometerse con el mundo exterior. Shadlen ha pasado su carrera trabajando para entender cómo las señales enviadas por los miles de millones de células del cerebro resultan en tales decisiones. Al hacerlo, espera desentrañar los mecanismos que subyacen a las capacidades más complejas del cerebro.

En 2008, Shadlen y sus colegas encontraron que cuando se le pidió tomar una decisión desafiante, el cerebro no utiliza toda la información disponible antes de decidir. Esto no es porque el cerebro es incapaz de hacerlo, sino porque en cierto punto, el cerebro piensa que tiene toda la información que necesita. Hay un mecanismo en el cerebro que dice que “basta”.

“Para nosotros, esto entonces suplicó una pregunta\”, recuerda Shadlen, que también es profesor de neurociencia en el Centro Médico de la Universidad de Columbia e investigador en el Instituto Médico Howard Hughes. “¿Podría el momento en que el cerebro cree que ha acumulado pruebas suficientes, estar atado a la conciencia de la persona de haber decidido ese momento –ese importante ‘ajá’–?”, reflexiona.

OBSERVACIÓN DE PUNTOS EN UNA COMPUTADORA

Para averiguarlo, los investigadores pidieron a cinco participantes humanos que observaran puntos en una pantalla de computadora que se movían como granos de arena que soplaban al viento. A los participantes se les preguntó si los puntos parecían soplar hacia la derecha o hacia la izquierda. En el centro de la pantalla había un reloj. Una vez que el movimiento de los puntos terminó y después de un breve retraso, los participantes eligieron en qué dirección habían viajado los puntos. Utilizando una técnica controvertida conocida como cronometría mental, se pidió a los participantes que movieran la manivela del reloj hacia atrás hasta el momento en que se dieran cuenta de que conocían la respuesta. Los participantes repitieron esta acción sobre muchos ensayos y niveles de dificultad.

“Ese momento en el tiempo indicado por los participantes –esta cronometría mental– era enteramente subjetivo, se basaba únicamente en su propia estimación de cuánto tiempo les tomó tomar esa decisión”, señala Shadlen, que considera que como “era puramente subjetivo, en principio debería ser inviable”.

Pero al incorporar estos nuevos datos con décadas de investigaciones previas sobre los mecanismos cerebrales de toma de decisiones, el equipo ideó una manera inteligente de verificar si el tiempo informado por los participantes era un reflejo exacto de haber decidido realmente.

“Si el tiempo informado por los participantes era válido, razonamos que podría ser posible predecir la exactitud de la decisión”, explica Shadlen. “Incorporamos una especie de truco matemático, basado en estudios anteriores, que demostraron que la velocidad y precisión de las decisiones estaban unidas por la misma función cerebral”.

La investigación anterior, también de Shadlen y otros compañeros, había revelado cómo el proceso de tomar una decisión se manifiestan en el nivel de células individuales en el cerebro. Al combinar este conocimiento con el truco matemático, el equipo pudo validar científicamente que la información subjetiva de los participantes –su sensación de haber decidido– era, de hecho, un reflejo exacto del proceso de toma de decisiones del cerebro.

“Esencialmente, el acto de tomar conscientemente conciencia de una decisión se ajusta al mismo proceso por el que el cerebro pasa para completar una decisión, incluso una simple –como girar a la izquierda o a la derecha”, asegura Shadlen.

Este estudio plantea la posibilidad de que una profunda comprensión de los pensamientos y sentimientos más complejos del cerebro humano, una vez bajo el dominio de la filosofía, se podría entender también en términos de biología.

“Algunas personas piensan que el quid de la neurociencia está lejos de las cosas pretenciosas que un filósofo consideraría –reflexiona el doctor Shadlen–. Pero estoy seguro de que explicar estos conceptos, ya sea la ética, la conciencia o cualquier otra cosa, en términos de neurociencia no es explicarlos, sino argumentar que está ayudando a acercar el estudio biológico del cerebro al estudio filosófico de la mente”.

Fuente: Europa Press