Ese poco conocido episodio de su vida lo recopila el guionista y productor francés Étienne Comar en Django, la película que inaugura hoy la 67 edición de la Berlinale.

Contada de forma clásica, lo que contrasta con el espíritu rebelde y vanguardista del guitarrista, Django se centra en los dos últimos años de la Segunda Guerra Mundial, cuando el músico se ve obligado a tocar para militares alemanes. Entonces gozaba de gran popularidad dentro y fuera de Francia, pero el jazz estaba considerado por el régimen nazi una música “degenerada”.

“Quería mostrar a un músico en tiempos complejos”, dijo en rueda de prensa Comar, conocido sobre todo como guionista (Des Hommes et des Dieux).

El realizador debutante conocía a Django a través de su padre, al que le gustaba mucho su música. Su película no sólo rinde un homenaje al virtuoso de la guitarra, sino también a los gitanos, “que han experimentado todo tipo de tragedias” a lo largo de la Historia, según señaló.

Para el director, la trama de la cinta tiene muchos paralelismos con la actualidad: la crisis de los refugiados, así como las prohibiciones de que están imponiendo algunos países. Django, dijo el realizador, plantea “el compromiso político de un artista en tiempos complejos”.

Django es la historia de una persona que huye con su familia “para sobrevivir”, resumió su protagonista Rada Kateb, uno de los intérpretes franceses más aclamados, que aprendió durante más de un año y medio a tocar la guitarra para encarnar al músico.

Precisamente lo que a él le gustó de este personaje es que era el retrato de un artista al que nunca tuvo que copiar, sino transmitir su espíritu, lo que le permitió construir una figura con todas sus contradicciones. “Django me transportó con su poesía y su música. Fue un virtuoso. Yo no quise imitarle, sino que me inspirara”, señaló.

Y así, en pantalla se ve al genial músico cuya vida está dirigida por tres mujeres: su amante (Cécile de France), su mujer (Beata Palya) y su madre (Bim Bam Merstein).

Kateb encarna a un hombre que huye con su familia y es acogido en un campamento de gitanos cerca de la frontera con Suiza. “Para hacer la película fue importante ser tratado como un invitado por la comunidad de gitanos”, explicó el actor, para quien se derriban fronteras cuando se conocen culturas diferentes.

Reda “se empapó de la autenticidad” de la comunidad de gitanos con la que estuvieron conviviendo, dijo la belga de Fance, cuyo papel “representa la emancipación de las mujeres en el jazz”. En el elenco de la cinta figura además el actor español Alex Brandemühl, quien da vida a un oficial alemán.

En contadas ocasiones una primera película inaugura un gran festival y Django, aunque no entusiasmó a la crítica, se puede entender asimismo como toda una declaración de intenciones por parte de esta cita cinematográfica que siempre se ha diferenciado por su tono político.

La película de Comar, que no un es un biopic clásico ni tampoco tiene ambición de documental, entra en la carrera por el Oso de Oro, que entregará un jurado dirigido por el holandés Paul Verhoeven. Durante su presentación hoy ante la prensa, el director de Instinto Básico, RoboCop o Elle dijo que tanto él como el resto del jurado iban a ver las películas sin prejuicio alguno. En lo primero que se van a fijar, aseguró, es la “calidad” de las producciones.

Hasta el próximo 19 de febrero se podrán ver en total 18 títulos en la competición y tan sólo en uno de ellos se escuchará español: con la chilena Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio.