GUADALAJARA, JAL

Por ningún motivo deseamos que nuestras calles de la Capital Mexicana, ni de ningún pedazo del territorio, sean escenario de un enfrentamiento entre las fuerzas militares y policíacas con los simpatizantes de los candidatos derrotados, como ocurrió después de las elecciones presidenciales de 1940 y de 1952. En ambos sucesos se contabilizaron por centenas los muertos y los heridos, según las crónicas periodísticas. Perdieron la batalla en las urnas los generales Juan Andrew Almazán y Miguel Henríquez Guzmán.

México comenzaba su vida posrevolucionaria, principiaban los gobiernos sexenales y desde hace setenta y dos años los responsables del Poder Ejecutivo Federal son civiles. Al empezar el Siglo XXI hubo doce años de alternancia en el poder, porque el PRI dejó de ser el partido político invencible como lo fue durante 71 años. Lamentablemente apareció la partidocracia, al tiempo que la corrupción, la impunidad, la violencia y la inseguridad  caracterizan al tercer sexenio, el que concluirá el 30 de noviembre de este año electoral 2018.

La sucesión presidencial para llegar al cuarto sexenio en este siglo, empezó con mucha anticipación, por supuesto no oficial y fuera del calendario. El tabcomo perredista y después como presidente del Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, emprendió sus recorridos por toda la República y afirma que llegó hasta los pueblos más lejanos y abandonados. Con habilidad y experiencia de dos campañas anteriores,  “El Peje”  no tuvo ningún obstáculo, nadie protestó y ni el Instituto Nacional Electoral lo detuvo. Hoy, abril de 2018, las  encuestas lo colocan como el de mayor aceptación popular y el más viable triunfador en las elecciones del domingo 1 de julio.

Precisamente por la seguridad que tiene de superar los casi 16 millones de votos que obtuvo en 2012, advirtió que no habrá cabida para aceptar un nuevo fraude electoral y durante su participación en la reciente Convención Bancaria, celebrada en Acapulco, Guerrero, manifestó que si ese fuera el caso, él, Andrés Manuel, se irá a Palenque, Chiapas, a su rancho “La Chingada”, y “a ver quién amarra al tigre”.

Eso me llevó hasta la hemeroteca para consultar los diarios sobre lo ocurrido luego de las elecciones en 1940 y en 1952. También leí   con detenimiento el libro “La Revolución que se frustró”, una narrativa detallada, objetiva, que hizo el joven analista político Francisco Estrada Correa de cómo operaron las fuerzas militares y policíacas para disolver la manifestación que realizaban, en la Alameda Central y en las inmediaciones del Palacio de Bellas Artes, los simpatizantes del general Henríquez Guzmán. Protestaban por la derrota oficial del militar originario de Torreón, Coahuila.

La Capital del País, entonces conocida como Distrito Federal, en ese 7 de julio de 1952, fue por segunda ocasión el escenario de un hecho sangriento, derivado del resultado de una elección presidencial. Unos hablaron de 200 muertos y otros aseguraban que el número se elevó a 500.Estrada Correa ha dicho que la persecución contra los henriquistas duró tres años, la mitad del sexenio de don Adolfo Ruiz Cortines, a quien se le atribuyeron 2 millones 173 mil 745 votos contra 579 mil 745 del candidato de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano, al que pertenecían los generales Francisco J. Múgica, Marcelino García Barragán, Celestino Gasca, Roberto Cruz, así como  César Martino, Vicente Estrada Cajigal y Natalio Vázquez Pallares, entre muchos otros henriquistas que planearon un movimiento armado y que su líder no aceptó.

Comenté en el párrafo anterior que el de julio del 52, fue el segundo suceso sangriento. Pues, sabrán ustedes que después de que el divisionario poblano Manuel Ávila Camacho fue declarado ganador de las elecciones de 1940, las huestes del general guerrerense Juan Andrew Almazán, con gran fuerza en el Distrito Federal, decidieron organizar un levantamiento armado en todo el país. Los encuentros violentos entre el gobierno federal y los “almazanistas” dejaron cientos de muertos. Diríamos que fue la primera vez que “no amarraron al tigre”.

Los henriquistas y los almazanistas se sintieron defraudados. Los dos generales derrotados en su búsqueda de la Presidencia de México decidieron retirarse a la vida privada, mantener sus negocios empresariales y, como se dice popularmente, dejaron a sus seguidores “colgados de la brocha”. Ávila Camacho fue el último militar que despachó en Palacio Nacional, entregando el poder a un civil:Miguel Alemán Valdés y con la postulación de Henríquez Guzmán culminó la postulación de militares en pos de encabezar el Poder Ejecutivo Federal.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿El lópezobradorismo en caso de ser derrotado Andrés Manuel, por tercera vez, procedería violentamente con armas de fuego o emprendería un movimiento pacífico?

LA PRIMERA SECRETARIA DE GOBERNACIÓN

Confieso que desde siempre aprendí a reconocer mis errores, y ¡vaya que si han sido algunos! Recién afirmé, sin releer y reconsultar, que la jurista Olga María del Carmen Sánchez Cordero estaba impedida constitucionalmente para ser candidata a senadora y resulta que sí podrá ocupar un escaño, a propuesta de Morena, porque no incumple con lo dispuesto en la Constitución Política, pues desde 2015 es Ministra en Retiro, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Estuvo ¡veinte años! en el más Alto Tribunal de Justicia, calificada como una de las Ministras más liberales. ¡Ah!, pero eso no es todo. Doña Olga Sánchez Cordero, a quien incluyo orgullosamente en la Sección de Mexicanos y Mexicanas Distinguidos (das), puede ser desde el próximo 1 de diciembre, la titular de la  Secretaría de Gobernación, es decir la primera mujer que estaría a cargo de la política interior, cuyo manejo se perdió, en el sexenio salinista, al salir del Palacio de Cobián el ilustre veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios, ¿o no mi estimado Jesús Anaya? Bueno, la propuesta es del tabasqueño que en diciembre pasado dio a conocer a los integrantes de su gabinete y estaba incluida la jurista que figura, históricamente, como la primera Notaria Pública de la Ciudad de México.

LOS MEXICANOS UNIDOS EN TORNO A EPN

De modo alguno es el momento de rasgarse la camisa, golpearse el pecho y gritar que rompamos relaciones con el gobierno –que no con el pueblo—del desquiciado Donald Trump, quien ordenó a su Guardia Nacional encargarse de la vigilancia en la franja fronteriza, en los límites con la República Mexicana. La reacción del Presidente Enrique Peña Nieto ha sido enérgica, contundente y respetuosa. Su mensaje del jueves pasado recibió el respaldo de senadores, de diputados, de los candidatos presidenciales y de analistas políticos de todos los mexicanos. Lo importante, además del resguardo de nuestra soberanía, es de trazar una estrategia para proteger a los habitantes de Baja California, Chihuahua, Sonora, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas que diariamente, por diversos motivos, cruzan la frontera. Son cerca de 3,200 kilómetros de división limítrofe, de Tijuana a Matamoros. Desde que Trump perdió negocios,

vez. Luego tenemos el internacionalmente famoso Popocatépetl  que hace pareja con Iztaccíhuatl, “La mujer Dormida”, él con altura de 5,

550 metros y ella con  5,220 metros s.n.m.  jurídicamente, en tribunales mexicanos, busca cobrarse, con cualquier pretexto, un supuesto agravio y no se frena para atacar a los mexicanos.

VISITEN LA ESTACIÓN DIVISIÓN DEL NORTE

Quien haya sido el de la idea, ¡felicitaciones! Desde hace meses en  los andenes y en las paredes de los mismos de la Estación División del Norte, del Metro, están colocadas grandes fotografías de los autores y compositores de la música mexicana. Hay además pianos para que quienes por ahí transitan, cumplan su anhelo de tocar una melodía en el teclado y para otros se cuenta con el karaoke, a efecto de que interpreten la canción de su preferencia. Las generaciones que se deleitaron con la música romántica ejecutada por tríos, por dúos, por los ídolos de la época, volverán a recordar tiempos idos. Las nuevas generaciones conocerán a quienes nacional e internacionalmente brillaron en la música mexicana. Me falta espacio para citar nombres y no deseo caer en omisiones. Por eso les invitó a los capitalinos  y a los turistas nacionales que se den una vuelta en la Estación División del Norte, Línea 3 del Metro.

P.D. Resulta interesante atender a las sugerencias de quienes nos visitan en este diario digital, como el caso de que me hayan preguntado los nombres de los volcanes más altos que tenemos en la República Mexicana y contesto que son cinco, empezando por el Citlaltépetl, más conocido comoPico de Orizaba, con 5,610 metros sobre el nivel del mar (s.n.m.) y que en 1848 fue escalado por primera El cuarto lugar corresponde al Xinacantécatl, popular como El Nevado de Toluca, que está a 4,690 metros s.n.m. y le sigue otro con nombre de mujer y que dicen fue en honor de Doña Marina, la intérprete que sirvió al conquistador español Hernán Cortés. El volcán La Malinche, Matlalcueye, Malintzin o Malinamalli, está entre Tlaxcala y Puebla, con una altura de 4,420 metros s.n.m.

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