Islamabad.

Las fuerzas de seguridad de Pakistán mataron y arrestaron a decenas de presuntos extremistas en todo el país en operaciones lanzadas en respuesta a la muerte de más de 80 personas en un atentado suicida perpetrado anoche contra un santuario sufí del país y reivindicado por el Estado Islámico (EI).

En las redadas fue abatido, entre otros, un líder del EI en la ciudad de Karachi, en el sur de Pakistán. El ataque del jueves estuvo dirigido contra el santuario sufí de la ciudad de Sehwan Sharif, en la sureña provincia de Sindh, el más venerado del país.

De los 248 heridos, unos 50 se encuentran en estado muy grave, informó un médico del hospital en el que son tratados. Los equipos de rescate habían contabilizado en la noche del jueves a al menos 19 niños y diez mujeres entre las víctimas mortales.

El periódico Express Tribune informó que ante la falta de clínicas en la ciudad, el Ejército ha enviado helicópteros y aviones de transporte para llevar a los heridos más graves a Karachi, situada a 200 kilómetros de distancia.

El jefe de la unidad antiterrorista de la Policía de Sindh, Raya Umer Jatab, dijo hoy en una entrevista televisiva que el autor del ataque acudió al lugar disfrazado de mujer.

Cientos de creyentes se habían congregado en la tarde del jueves en el santuario de Lal Shahbaz Qalandar para venerar a Allah con bailes sufís tradicionales. El terrorista se hizo volar por los aires en medio de un grupo de bailarines y espectadores.

La rama sufí del islam es blanco del odio de los grupos sunitas en Pakistán, país donde son frecuentes los ataques a sus santuarios. En noviembre pasado, al menos 52 personas murieron en un atentado a un templo en la provincia de Baluchistán, en el suroeste del país.

Según la emisora Geo TV, en todo el país fueron cerradas las áreas públicas y los estacionamientos de los santuarios sufíes.

En Pakistán existen una decenas de grandes templos sufíes muy venerados y muchos pequeños. El de Lal Shahbaz Qalandar, construido en el siglo XIV, atrae cada semana a miles de creyentes.

El primer ministro, Nawaz Sharif, condenó la masacre y prometió hacer todo lo posible para proteger el país.

El Jefe del Ejército paquistaní, Qamar Bajwa, anunció que se intensificarán las ofensivas puestas en marcha contra los extremistas y advirtió que cada gota de sangre será vengada.

Desde el lunes, Pakistán se ha visto sacudido por una ola de violencia en la que han muerto más de 100 civiles y miembros de las fuerzas de seguridad en distintos ataques, la mayoría reivindicados por el grupo Jamaat ul-Ahrar, un grupo talibán escindido.