Este 14 de febrero, mezcla de dolor y temor por la persecución del magnate. En la frontera, el rostro pleno de la crisis humanitaria sin precedente porque ahí conviven deportados con sueños rotos con miles de centroamericanos y caribeños que quieren llegar a EU a conseguir el american way of life. Trump, huérfano del auténtico amor. Sugerencia de la psicóloga Marisol Menéndez para enfrentar la dificultad de estos momentos difíciles.

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SAN YSIDRO, CAL.

El amor en tiempos de Trump.

Anita, de 7 años, miraba al través de la malla de acero que divide Tijuana de San Ysidro, California. Y su mirada se perdía en el infinito californiano, donde está su padre. Y repetía; “¡Papá, papa!”. Su madre al lado de ella, llorosa, la calmaba.

Su padre se quedó en Los Angeles porque los agentes de ICE no lo detuvieron más que a su madre, Elisa, de 32 años, con manos manchadas por el trabajo duro de la tornería donde ayudaba a su cónyuge. Camino a casa, en el sur centro, fue detenida y deportada en Tijuana.

No sabe si el marido vendrá con ellas, se quedará allá para enviarles dinero o si se regresa a Tomaltán, Michoacán, de donde son originarios.

Samanta y Marco se vieron a través de una malla metálica y él pudo conocer a su hijo nacido en Estados Unidos.

“Es muy difícil, me da mucho sentimiento, pero como los veo del otro lado pienso que están mejor, más adelante espero cruzar para poder abrazarlos”, dijo Marco Yánez, de 21 años, quien reside en Mexicali, ciudad mexicana fronteriza con Calexico, California.

Yánez, quien no cuenta con documentos para reunirse con su familia en Estados Unidos, se acababa de reencontrar con Samanta a través del muro fronterizo y de conocer a Franco Emilio, el hijo de ambos, nacido hace dos meses en el otro lado de la frontera.

 

El caso de Anita y su madre, Marco y Samanta, como el de Guadalupe García de Rayos, casada y con dos hijos y deportada tras vivir cerca de dos décadas en la Unión Americana por haber utilizado un número de Seguro Social que pertenecía a otra persona para obtener un trabajo, es solo una de las muchas historias de inmigración y frontera.

Anita.

“Es muy difícil, me da mucho sentimiento, pero como los veo del otro lado pienso que están mejor, más adelante espero cruzar para poder abrazarlos”,  Marco Yánez, 21 años.

Estos casos reflejan una realidad que en medio de los emotivos mensajes por San Valentín se hace más dura.

Miles de inmigrantes tienen que enfrentar la separación de sus familias, desenvolverse en un medio hostil, hacerle frente a la política contra los indocumentados y vivir con la incertidumbre de ser deportados y regresar a países que no les ofrecen ninguna oportunidad.

LAS FRASES DE TRUMP

En aquél espacio fronterizo aún retumba las frases de Trump:

“Un muro en la frontera con México nos ahorraría muchísimo dinero”. “México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores”. “ ¿Por qué Estados Unidos debería aceptar más inmigrantes de Haití y de “países de mierda” de África, y no de lugares como Noruega?”

En ese perímetro hay miles de deportados mexicanos o de centroamericanos y haitianos que quieren llegar a Estados Unidos pero no pueden. Deambulan como sombras subhumanas, con estómagos vacíos, con almas rotas y sólo los mantiene la esperanza. No la pierden.

Allí están en la calle, unos duermen en las aceras y otros en albergues, ya saturados. Es el rostro de la crisis de migración. Es una crisis humanitaria de grandes proporciones. Sin precedente.

Una crisis que Trump no puede entender ni sentir, porque se lo impiden su narcisismo,  racismo, autoritarismo, prepotencia, arrogancia y xenofobia, según rasgos psicológicos distintivos del magnate, como lo han diagnosticado especialistas de la Universidad de Harvard.

TEMOR Y ZOZOBRA

Y dentro del territorio de Estados Unidos este 14 de febrero el temor y la zozobra no permitirán un goce pleno de la convivencia con los seres queridos.

Carmen, por ejemplo, con 32 años radicando en Los Angeles, ya no quiere salir de su domicilio en el sur centro. Teme ser atrapada en una redada. Durante todo ese tiempo no ha visto a su familia en el estado de México. Ya murió su madre y no estuvo con ella. Ya pasaron a mejor vida hermanas y hermanos y ella ausente.

Espera que su hija cumpla la mayoría de edad para solicitar la residencia. Esa es su única esperanza.

Historias humanas de dolor en cada indocumentado. Aún así extraen sonrisas y alegría para este 14 de febrero.

El amor las mantiene a flote. Por encima de amenazas y prédicas de odio y división.

PSICOLOGA SUGIERE CREAR GRUPOS DE AUTOAYUDA

La psicóloga mexicana  Marisol Menéndez, discípula del connotado Eric Fromm, afirma que la única manera de lidiar con emociones negativas, es fortaleciendo a la familia, creando pequeños grupos de autoayuda, en el propio idioma en el que puedan expresar emociones y sentimientos, lo que ayuda a incrementar sentimientos de seguridad y tranquilidad.

Y aseguró que la realidad del inmigrante indocumentado, se expresa en dos planos:

1.- En el personal, porque extraviar y/o perder la raíz, deprime y angustia.

2.- En lo social, porque ser segregado y perseguido hace que el miedo, la inseguridad, el dolor, la soledad, la tristeza y la rabia, se incrementen.

Resaltó que son muy pocas las persons que abandonan su patria por razones personales: “ huyen de la propia tierra por razones políticas ( también de persecución ) o en la búsqueda de mejores oportunidades económicas y sociales para si y para los suyos ). En cualquier caso, la vida no les es fácil”.

La doctora Marisol no cree en fechas como el 14 de febrero: “Creo en el amor y cuidado para uno mismo y para el prójimo; el que se ejerce todos los días y se fundamenta en el respeto y la consideración”.

Manifiesta que “los “supremacistas” blancos, negros, amarillos o de cualquier color, son gente ignorante, amante del poder a toda costa y con muy poca empatía por otros seres humanos”.

EL AMOR EN TRUMP

La doctora Marisol habla, además, del amor y Trump:

“ No tengo idea de cuál sea el nivel de amor del señor Trump. Hasta donde sé, el sentimiento no es  mensurable”

Afirma que Trump “se  conduce, se porta, como una persona de muy escasa educación; impulsivo, ignorante y ciertamente con nula o muy poca capacidad de empatía; que es el elemento fundamental para vincularse afectivamente con otros seres vivos”.

Y agrega:

“De hecho, parece que ni siquiera se ama a sí mismo, porque hasta donde entiendo, ejerce conductas que le son destructivas. Me parece que la conducta que exhibe, es la de una persona inmadura emocional que, sumado a su lamentable educación, pobre control de impulsos y absoluta ignorancia, lo lleva a ser una persona de peligro para los demás …”