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La escritora mexicana presenta la segunda parte de la trilogía iniciada hace ya 27 años con la historia que diera la vuelta al mundo y que junto con la película de Alfonso Arau produjera un fenómeno popular de dimensiones difíciles de controlar. “El diario de Tita” tendrá forma de miniserie, cuenta la autora en esta entrevista donde además de literatura, habla de política y en particular de Andrés Manuel López Obrador, “un gran político que sabe escuchar”.

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Laura Esquivel cierra los ojos y esboza una de las tantas sonrisas que iluminarán su rostro en la entrevista que ofrece a SinEmbargo. Admite: “a veces quise no haber escrito Como agua para chocolate”, un intento de frenar lo que entonces resultó un tsunami temible y difícil de parar.

Pero la escritora, que se ve espléndida a los 65 años, sobrevivió a la fama y aprendió a disfrutar de lo que considera un privilegio: vivir de la literatura en un país donde ha crecido la desigualdad, donde la violencia institucional compite en ferocidad con la del crimen organizado.

En estos días, la incansable Esquivel –divide su tiempo entre la escritura y la política- presenta El diario de Tita, la segunda parte de una trilogía iniciada hace 27 años con la historia que diera la vuelta al mundo y que lograra un fenómeno de público de grandes dimensiones, sobre todo a partir del enorme éxito obtenido por la película Como agua para chocolate, dirigida por su entonces esposo el cineasta Alfonso Arau.

El filme sobre su famosa novela es todavía uno de los más vistos en la historia del cine mexicano contemporáneo y le dio a su autora la posibilidad de escribir guiones para Hollywood, un hecho que no resultó grato en su carrera.

“Fue muy difícil porque allí no hay respeto por los autores.  Quiero escribir guiones en México, estoy muy dispuesta y espero que haya lugar para mis historias. Creo que Hollywood ha sido dañino para el cine latinoamericano y ya no interesan cosas como de las que hablo”, dijo en una entrevista que le hiciéramos hace algunos años.

Laura Esquivel es la escritora mexicana más traducida: 36 idiomas en más de 60 países. Su obra incluye narrativa, ensayo, literatura infantil y guiones para cine, al tiempo que el romance que mantiene con sus fieles lectores no ha disminuido con el paso del tiempo.

El diario de Tita, salido hace apenas unos días, ya encabeza la lista de los más vendidos en Gandhi y ha puesto una vez más a la autora en la disyuntiva de restarle tiempo a la política –otra de sus pasiones- y encarar la escritura de Mi negro pasado, la tercera parte de la trilogía.

–El diario de Tita nos hace ingresar otra vez a un universo literario que tiene sus propias reglas, normas, idas y vueltas

–Me apasiono. Porque eso es lo hermoso de la literatura, que permite recrear sobre otra novela. Surge de la ficción y uno sigue la ficción ampliando, trabajando a partir de allí. Fue un trabajo que disfruté mucho.

–Todas tus otras pasiones: la política, el yoga, la vida sana, la cocina, están traducidas en este nuevo libro

–Bueno, eso siempre ha sido en toda mi vida, trabajando con diferentes intereses, pero siempre mezclando la búsqueda espiritual con la científica y la política y obviamente toda la cuestión familiar, que es parte fundamental. Ahora que han pasado 27 años de Como agua para chocolate, vuelvo a tocar el tema y básicamente surgió por la sorpresa de que en todos estos años el libro se ha seguido vendiendo igual y en algunas partes más todavía. Las nuevas generaciones han descubierto la historia y están encantadas con ella. La pregunta es qué encuentran los jóvenes en esta novela y no lo sé. Quizás la respuesta esté en que así como en Como agua para chocolate había una madre castradora, ahora hay un sistema castrador, depredador, que impide que los jóvenes decidan su destino, si van a tener oportunidad de estudiar o no, es algo un poco injusto igual que la vida de Tita, pero no lo sé, no tengo la respuesta.

–No tienes la receta, ya que estamos

–(risas), no, no la tengo. Soy una persona optimista, a pesar de lo que veo en la realidad. Estamos presenciando el derrumbe de un sistema terrible, pero también el surgimiento de algo y eso siempre es esperanzador. Por eso he decidido hacer la trilogía cuya última parte acontecerá en el México actual, con una mujer que tiene graves problemas con la comida, es comedora compulsiva, no sabe cocinar y que en cierto modo funciona como el reflejo de una sociedad que ha perdido mucho el sentido de hacia dónde ir. El diario de Tita será una especie de eslabón perdido entre el rancho de Como agua para chocolate y el mundo actual. Ahí es donde uno puede ir hacia atrás para preguntarnos qué es lo que hemos dejado de hacer, dónde nos equivocamos, cuándo se perdió el camino, por qué hemos permitido llegar a esta crisis tan lamentable. Son los jóvenes los que tendrán que tener ese empuje y rescatar lo mucho que hay que rescatar.

Videos: El diario de Tita, otro best seller de Laura Esquivel; “ a veces quise no haber escrito Como agua para chocolate”, dice

Dedica su obra a las mujeres que escriben y a las que cocinan. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

–La comida compulsiva es la negación del placer de comer, ¿verdad?

–Sí, porque se come con culpa, con miedo. Lo he visto alrededor, en México nuestra cocina ha sido nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad y al mismo tiempo somos número uno en diabetes y obesidad infantil. ¿Cómo es esto? ¿Qué no se está cocinando y comiendo como se debe? Lo enfermos que tenemos que estar como sociedad para permitir la siembra de semillas estériles que no se reproducirán jamás y que para volver a sembrar debemos ir a comprarle las semillas a Monsanto. La esencia de la vida misma se ha perdido y la hemos puesto en manos de los comercianes.

–Esos niños que agrandan las estadísticas de obesidad infantil no es por la comida mexicana tradicional, sino por la comida chatarra y los refrescos

–Por supuesto. Sucede que las mamás tienen que salir temprano de su casa, en realidad para malvivir, porque no alcanza el dinero para pagar escuela, casa, comida y demás. Todo eso tendríamos que revisarlo y darle la vuelta. Hay maneras de escapar de las reglas de este sistema y buscar en el pasado ejemplos de esas sociedades maravillosas que pudieron organizarse prescindiendo del dinero, de tarjetas de crédito, de deudas bancarias. Se movían con otros intereses.

–Le has restado tiempo a la literatura para dedicárselo a la política. ¿Te ha pesado esa decisión en algún momento de tu carrera?

–Lo he vivido con entusiasmo, no siempre con alegría porque es difícil. Soy una privilegiada, porque puedo vivir de mi trabajo de escritora. Puedo quedarme en mi casa y vivir de mis novelas, pero ¿por cuánto tiempo más? Estoy rodeada de un país que se derrumba, que cae a pedazos y creo que todos tenemos la responsabilidad de participar desde donde sea para tratar de cambiar esto. Cuando estuve al frente de la Dirección de Cultura en Coyoacán no tenía tiempo de escribir, terminé El diario de Tita antes de entrar el año pasado a la Cámara de Diputados y no sé cómo haré el año que viene para terminar la tercera parte de la trilogía. Hay veces que la escritura uno se concentre ahí, pero también la política pide eso.

–¿Cómo viste esta gran paliza que recibió el PRI en las recientes elecciones?

–La gente está mostrando su descontento, está muy cansada y por otro lado Morena logró mucho. Es la primera vez que participábamos en unas elecciones y se ganó mucho.

–Paco Taibo II nos decía hace unos días que él esperaba una ruptura mayor

–Sí, lo sé. Él va por esa línea. Y está bien. Es una línea que siguen muchos jóvenes que quisieran que los resultados fueran más contundentes, pero creo más en como dice Andrés Manuel de no querer lograrlo ya, sino de aceptar que estos cambios llevan tiempo. Necesitan ir acompañados de un cambio interno para no repetir errores y cambiar viejos sistemas de pensamiento. En Como agua para chocolate la gran revolución se produce en Tita, quien hace morir en ella una tradición castradora. Si todos pudiéramos hacer eso en nuestras familias, las cosas cambiarían. Qué ha pasado con la Revolución Mexicana, se va desdibujando porque no hay un cambio que la sostiene. Vamos bien, de todos modos.

–¿Siempre has creído que hace falta un cambio interno, un cambio en la persona, junto con la búsqueda del cambio afuera?

–Sí. Siempre. Creo en la interconexión. El mundo se empeña en hacernos creer que somos seres atomizados, personas individuales. Que tú estás sentada en ese sillón y yo acá y lo que sientes o piensas no me afecta. Tu dolor es mi dolor, si no alivio tu tristeza, no aliviaré la mía.

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–Ni hablar que cualquier desastre natural que aconteciera ahora nos pondría a las dos en el mismo nivel

–Si cae una bomba aquí, moriríamos las dos. La gente sólo lo entiende a nivel de la Bolsa de Valores, pero pasa lo mismo con una persona que tiene hambre, rabia, que fue violentada y eso se soluciona de forma colectiva, no individual.

–¿El hambre o la violencia es el mayor problema de México?

–Es que están íntimamente relacionados. Los que creen en un estado represor piensan que poniendo a los soldados en la calle se acaba con la inseguridad y no es así. En una sociedad equitativa no surgen problemas de violencia como los que vivimos ahora. Por eso es importante la creación de comunidades donde se fomente una cultura de paz. Donde se siembre, donde se comparta la comida y el agua, es decir, esas sociedades autosustentables que comparten en lugar de competir. Estuve en Oaxaca y platicaba con amigos míos del ’68 y me contaban que dos de sus hijos lo han dejado todo y viven en comunidades ecológicas, harto ya de los políticos convencionales y eso es lo que me llena de esperanza.

–La derecha usa como argumento en que los recursos no alcanzan para todos

–Es una mentira. Mira, mi proyecto cultural empezaba con los “ecobarrios”. Si pones un jardín, empiezas a cultivar jitomates, inmediatamente te das cuenta de la generosidad de la tierra, que te va a dar más. Regalas los tomates que te sobran, puedes hacer trueque, lo que sea. Alcanzarían perfectamente para alimentar a todo el mundo. Es mentira que no alcanza. Hemos olvidado lo básico, cómo cultivar la tierra, no tendría por qué haber el hambre que hay en el mundo. Deberíamos, eso sí, cambiar los hábitos alimenticios. Me contaban hace poco que hay sitios donde se ha logrado crear animales libres, que dan mucha leche y que son alimentados de manera diferente. El argumento de que no alcanza para todos es falso y proviene de gente que ha perdido el contacto con la tierra.

–¿Hay un asunto también moral en esto, es decir, la lucha entre el bien y el mal?

–Claro, lo que pasa es que para mí el mal proviene de un sistema profundamente individualista que te machaca todo el tiempo que tienes que ver por tu bienestar y tu familia, que hay que competir como loco para poder vivir bien. Tenemos que estar constantemente revisando en qué consiste la competitividad; que el salario de los empleados sea más barato para que el dueño de una fábrica pueda ganar más. Eso no me interesa en lo más mínimo. Nuestra tradición maya, por ejemplo, tenía el concepto del Indakesh, una palabra que quiere decir “Tú en mí y yo en ti”, es el concepto de la interconexión. No hay separación entre las personas. La idea de la separación es el peor de los males. Así, cualquier ataque al otro es un auto-ataque. Es algo que sabemos a nivel inconsciente, la naturaleza lo sabe. Lo sabemos, pero nos hemos olvidado. Lo que significa que una persona muera de hambre, creo que esa es una de las violencias más grande que cometemos los seres humanos. Por eso siempre defiendo la actividad culinaria y lo que pasa en el hogar, porque ahí, cuando uno cocina, lo hace siempre para otro, como un acto de generosidad, es el último reducto que nos queda en un mundo tan de competencia, de producción absurda.

–¿Andrés Manuel es el hombre?

–Pienso que sí. Es el hombre con un movimiento que lo sostiene.

–¿Qué cualidades le ves?

–Andrés Manuel, muy lejos de lo que se maneja en los medios, es una persona que sabe escuchar. Es un gran político y un gran dirigente. Tengo el privilegio y la fortuna de que nos haya convocado a un grupo de intelectuales para la defensa del petróleo y he estado en muchas reuniones con Andrés Manuel. Nunca lo he visto tratar de manipular, de cambiar. Plantea la situación, nos pregunta cuál creemos que es el mejor camino, todo el mundo habla y opina, mientras él se mantiene callado. Luego dice con lo que está de acuerdo o no, pero no se trata de mí, dice, se va a hacer lo que ustedes digan, no lo que yo diga. Es una persona que respeto mucho y no hay un político como él que haya recorrido varias veces cada municipio de este país. En condiciones tremendas, que ya me gustaría que experimentara alguno de los liberales que nos gobiernan. Eso no nace de un caprichito personal, sino de una profunda convicción, de una profunda congruencia y de un gran amor por México.

–Además, con el tema del petróleo tenía razón. Pasó lo que él decía que iba a pasar…

–Por supuesto que pasó lo que él dijo.

–¿Como agua para chocolate fue un cambio radical en tu vida?

–Nunca esperé ni siquiera publicarlo y luego se me vino el mundo encima. Para mí fue muy incómodo, me sentía invadida, solicitaban mi presencia en un montón de lugares, el libro a los seis meses ya tenía traducciones y fue un cambio brutal. De ser una persona con tiempo para estar en mi casa y cocinar y tejer y bordar, que son actividades que también me encantan, pasé a tener muchas dificultades para obtener un espacio propio, un lugar para el silencio, la introspección, la creación. Hubo momentos en que llegué a pensar en qué momento se me ocurrió escribir Como agua para chocolate.

–¿En verdad llegaste a pensar eso, quisiste no haber escrito Como agua para chocolate?

–Sí, sí, lo llegué a pensar. Aunque eso ya pasó. Ha sido mi gran maestra Como agua para chocolate, mi gran compañera, hemos vivido muchas cosas, seguimos aprendiendo…

–¿Esa novela opacó el resto de tu obra?

–No me molesta. Le ha pasado a los grandes escritores. Es una obra que tocó una fibra especial y hay otras como La ley del amor que ha ido creando su público, como Malinche, pero nunca claro como aquella.

–Y saliste a pelear en el mundo de machos que dominaban el realismo mágico…

–No lo noté en ese momento, pero hay muchas tesis alrededor de Como agua para chocolate. Son procesos de los que uno no está muy consciente.

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Laura Esquivel negocia la posibilidad de que El diario de Tita se convierta en miniserie. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

–A lo largo de la historia ha habido siempre mujeres importantes en la literatura mexicana: Josefina Vincens, Nellie Campobello, Elena Garro…

–¡Elena Garro! Ella tendría que haber tenido ese reconocimiento, no sé qué pasó, pero lo merecía. Lo que escribo lo comparto claro con las mujeres que escriben, pero también con las mujeres que cocinan, a las que nadie les ha dado nunca un reconocimiento y que sin embargo han creado lengua, patria, que han hecho que la comida mexicana sea Patrimonio Cultural de la Humanidad, que han convertido la cocina en un espacio sagrado. Soy lo que soy por lo que he comido, por lo que he bailado, por lo que he leído.

–¿Cómo ves la artesanía mexicana, que es un tema que te interesa mucho?

–Tengo contacto con artesanas y una de ellas acaba de llegar a mi casa. Llega de la sierra, sin avisar, una artesana amuzgo –comunidad entre Oaxaca y  Guerrero- Si vieras los huipiles que hace. Ella pertenece a un grupo de mujeres que se ha organizado en Xochistlahuaca y la han elegido regidora de su comunidad. Me estaba contando que llevan tiempo tratando de organizar la distribución y la venta, que es donde se atora la producción. Fonart tuvo su momento bueno, pero ahora no hay quien se preocupe por los artesanos de este país y hay personas que por profunda ignorancia no valora lo que cuesta un huipil, que es una pieza única que se tardaron seis meses en hacerla. Ese es el gran problema. Las autoridades tendrían que apoyar, es una tristeza lo que está pasando y en lugar de eso ya se ha anunciado que el año que viene habrá más recortes a la cultura. Así, todo acto cultural es de resistencia. En medio de eso, vienen los extranjeros y toman a las artesanas como maquiladoras. A veces llegan y me traen huipiles con colores que no son los tradicionales

–¿Habrá película de El diario de Tita?

–Más bien estamos preparando la serie, pero no puedo hablar.