En un crucial acto simbólico de unidad partidista, el senador Bernie Sanders participó ayer en un mitin conjunto para respaldar la candidatura presidencial de Hillary Clinton, su ex contendiente en las primarias demócratas. El veterano político de izquierda dejó atrás las profundas diferencias ideológicas y de estilo que marcaron la lucha por la nominación demócrata y declaró que hará todo lo posible para asegurarse que la ex secretaria de Estado derrote al magnate Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el próximo 8 de noviembre. Este acto se suma al respaldo que hace una semana el presidente Barack Obama dio a su ex colaboradora en un acto en Carolina del Norte, con lo que se cierra la unidad en las filas demócratas.

Cabe recordar que la campaña del senador por Vermont representó una verdadera sorpresa para la mayoría de los actores y observadores políticos, así como para el electorado estadunidense, por la fuerza que cobró su candidatura entre los votantes más jóvenes y el carácter atípico de su discurso, claramente a la izquierda del tono imperante. Hasta el año pasado, por ejemplo, resultaba impensable que un líder político se presentara a sí mismo como socialista, sin que ello conllevara un total aislamiento de los ciudadanos y los medios.

Pero el hecho hoy es que con el respaldo multitudinario en Nueva Hampshire, estado ganado por Sanders durante las elecciones primarias, han quedado prácticamente definidas las candidaturas presidenciales, a la espera de que cada partido realice sus respectivas convenciones para dar carácter oficial a cada nominación. Por el lado demócrata, se pone fin a la posibilidad de presentar un candidato crítico con el establishment e identificado con posturas de talante progresista; en cambio, se ofrece a los electores una opción muy identificada con las cúpulas políticas y los grandes poderes fácticos. Por el lado republicano, todo indica que el partido se verá en el trance de postular un contendiente que no cuenta con las simpatías de la dirigencia partidista, además de constituir un lastre por sus continuos ex- abruptos y la inconsistencia de sus posturas.

Ya con el panorama electoral definido, es pertinente señalar la importancia de la precandidatura de Sanders, más allá de las posibilidades reales de ganar alcanzadas durante algunos momentos de la contienda, por haber puesto en el centro del debate preocupaciones ciudadanas que de otro modo difícilmente habrían encontrado un espacio de expresión en las campañas políticas. Al criticar de manera consistente la disfuncionalidad del sistema democrático estadunidense desde una postura de izquierda, el senador por Vermont ejerció un inestimable papel de equilibrio entre la apelación al hartazgo ciudadano que, en el fondo, encarna el discurso chovinista y xenófobo de Donald Trump, y la oferta típicamente liberal encarnada por la ex secretaria de Estado.

De cara a las elecciones generales, sería deseable que los sectores más lúcidos de la ciudadanía estadunidense mantengan la presión sobre Clinton para que recupere en mayor medida las propuestas de Sanders como manera de contrarrestar el maniqueísmo del virtual candidato republicano.