En un documento denominado Las lecciones del 3 de junio, piden apoyo para el movimiento magisterial. “La agresión que hoy viven los maestros  es la misma que han vivido los pueblos indígenas sin que nadie, como no sea la Sexta, los voltee a ver. Después de los trabajadores de la educación básica –aseguran– siguen los pensionados, los del sector salud, los burócratas, los pequeños y medianos comerciantes, los transportistas, los universitarios, los de medios de comunicación, todos los trabajadores del campo y la ciudad, indígenas y no indígenas, rurales y urbanos”.

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En el mes de junio –señala el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en su más reciente comunicado– se ha impartido una verdadera cátedra que nos enseña y educa. La lección obtenida es que en México el capital manda y el gobierno obedece, pero el pueblo se rebela.

Firmado por los subcomandantes insurgentes Moisés y Galeano, el documento titulado Las lecciones de junio, contrasta la diferente actitud seguida por el gobierno federal ante los empresarios que impulsaron la ley 3 de 3, y su respuesta a la demanda magisterial de abrogar la reforma educativa.

‘‘En cuanto los capitalistas les chasquearon los dedos –dice el comunicado rebelde–, todos los poderes institucionales corrieron a corregir lo que no era del gusto de su amo. No conformes con saber que mandan, los grandes señores del dinero mostraron, a quien quisiera verlo, quién decide realmente.

‘‘Pero en cuanto el magisterio en resistencia, y las comunidades, movimientos, organizaciones y personas que lo apoyan, demandaron la abrogación de la reforma educativa (en realidad es sólo la plataforma para la precampaña presidencial del aspirante a madrina judicial, Aurelio Nuño), el gobierno y sus amos se dijeron dispuestos a todo (es decir a usar la fuerza) para defender ‘la legalidad’. Con aire más histérico que histórico, remarcaron que la ley no se negocia.’’

Las maestras y los maestros agrupados en torno a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) –dicen los zapatistas–, así como las familias y comunidades que los apoyan, han dado clases en las calles, caminos y carreteras del México de abajo.

En unas cuantas semanas, señalan, han desmontado toda la escenografía construida por la clase política, después de varios años y mucha paga, para disfrazar, bajo el nombre de ‘‘Pacto por México’’, la nueva guerra de conquista que se sintetiza en las llamadas ‘‘reformas estructurales’’.

Según los rebeldes, al menos en Chiapas no hubo desabasto de gasolina ni de comestibles. ‘‘La supuesta escasez fue una maniobra gubernamental para tratar de manipular el mal humor social contra los maestros. La supuesta falta de gasolina fue una descarada especulación de los empresarios del ramo, ante el inminente aumento del precio’’.

Y –añade el comunicado– la escasez de alimentos y productos perecederos se dio sólo en los grandes supermercados. En los mercados populares continuaban ofreciéndose frutas, legumbres, maíz, frijol, arroz, carne, huevos, sin que se hubieran aumentado los precios. Los ‘‘intereses de terceros’’, a los que se refiere el gobierno cuando dice que son afectados –aseguran los rebeldes–, son nada más y nada menos que los intereses de las grandes empresas del capital comercial.

Para los zapatistas, lo más importante en este calendario y desde la limitada geografía en la que resisten y luchan es la batalla del magisterio democrático. Una contienda a la que respetan sin inmiscuirse en sus modos y tiempos, en su estructura organizativa, en sus decisiones, sus estrategias y tácticas, sus alianzas, sus decisiones.

Esa lucha va más allá de cuatro entidades. ‘‘Mientras gobernantes, medios y redes sociales que los acompañan –advierten– se desgañitaban diciendo que el movimiento magisterial era sólo en los estados más pobres, cuyo retraso social es culpa, claro, de la CNTE, ocurrió que, en Monterrey, Nuevo León, miles de maestras y maestros tomaron, no una, sino varias veces, las calles del otrora cubil del gran capital nacional y demandaron la abrogación de la reforma educativa’’.

Es –afirman– el tiempo de las maestras y maestros en resistencia. Y es necesario y urgente estar con ellas y ellos. Y es tan importante ese apoyo que decidieron: ‘‘1) suspender nuestra participación en el festival de CompArte, tanto en el caracol de Oventic como en el Cideci de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que se celebraría entre los días 17 y 30 de julio de 2016, y) 2) donar al magisterio en resistencia la paga y los alimentos que habíamos ahorrado y acumulado para nuestro traslado a Oventic y al Cideci, para nuestra manutención durante el festival, y para el regreso a nuestras comunidades’’.

La agresión que hoy viven los maestros –afirma el EZLN– es la misma que han vivido los pueblos indígenas sin que nadie, como no sea la Sexta, los voltee a ver. Y llaman a mirar o escuchar lo que hacen en contra de las maestras y maestros, porque después siguen ellos. Porque después de los trabajadores de la educación básica –aseguran– siguen los pensionados, los del sector salud, los burócratas, los pequeños y medianos comerciantes, los transportistas, los universitarios, los de medios de comunicación, todos los trabajadores del campo y la ciudad, indígenas y no indígenas, rurales y urbanos.

Las lecciones de junio terminan recomendando al gobierno federal: ‘‘Si no cambian la reforma educativa, al menos sí cambien de asesores. Ah, y díganle a Mexicanos Primero que la realidad ya los evaluó: están reprobados’’.

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