La hermosa Casandra recibió el don de la adivinación a cambio de favores sexuales a su enamorado Apolo. La bella griega se negó a cumplir la parte del pacto y el dios, enojado, la escupió en la boca y a partir de ese momento hacía predicciones pesimistas que se convertían en realidad.

Mi estimado maestro Víctor Flores Olea señaló recientemente que:

         “En México, tal vez nos levantemos un día con la noticia difundida por los medios de que ahora mandan los militares y que el país ha cambiado radicalmente”

Lo anterior me remitió a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (Francia 1793)

         “Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para cada porción del pueblo, el derecho más sagrado y el deber más indispensable”.

El Papa Paulo VI, en la encíclica Populorum Progressio, (Roma 1967) justifica la “insurrección revolucionaria” cuando:

         Hay tiranía evidente y prolongada; no se respetan los derechos fundamentales de la persona; y se damnifica peligrosamente el bien común del país.