Ciudad de México.

Con tan solo nueve años de edad, Carlos Antonio Santamaría Díaz es considerado un niño genio, y entre sus logros más relevantes a tan corta edad se encuentra haber concluido con éxito un diplomado en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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Incluso, aun cuando no ha terminado la primaria, el pequeño ya piensa en los estudios de licenciatura y en su deseo de cursar la carrera de ciencias genómicas en el Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM. No obstante, Carlos Santamaría no deja de ser un niño inquieto y curioso, sobre todo muy analítico, características que le han permitido convertir el estudio y el aprendizaje en un juego.

La Agencia Informativa Conacyt tuvo la oportunidad de charlar en exclusiva con el pequeño y con sus padres, Fabián Santamaría Plascencia y Arcelia Díaz Sotelo, quienes contaron cómo identificaron las capacidades de Carlos y cómo ha sido su experiencia en la búsqueda de oportunidades académicas para que el pequeño aproveche al máximo su potencial.

La primaria desde la óptica de Carlos Santamaría

Al preguntarle si le gusta la escuela, el pequeño no duda en responder que sí, pero aludiendo a la franqueza que todo pequeño posee, revela que le gustan sus clases más avanzadas, las que tomó en el diplomado y las que toma de nivel licenciatura, porque sus clases de nivel primaria, sencillamente le resultan aburridas.

“Sí (me aburro). Primero estuvo bien, pero segundo ya no, porque vi lo mismo que en primero y en tercero veía lo mismo que en segundo; ya en cuarto las materias cambian un poquito, pero también se parece mucho a tercero”, confiesa entre risas el pequeño estudiante.

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Incluso, en un ejercicio de honestidad, el niño reveló entre risas inocentes que desde el segundo año de primaria la escuela le resultó aburrida, así que comenzó a buscar información de ciencia en Internet hasta que hizo de la enseñanza autodidacta un hábito.

“Yo quería más, ya me había acabado prácticamente todo Internet”, afirma al tiempo que suelta una carcajada, una risa de esas que se escapan a los niños cuando creen haber cometido una travesura o incurrido en un acto con cierto grado de prohibición. “Así que seguí buscando en las páginas siguientes, pero era exactamente lo mismo y me dije ‘quiero más’, así que mis papás me propusieron el diplomado”.

Ese apetito de conocimiento y la falta de atención a las materias que ya le resultaban aburridas, incluso le valió en algún momento llevar una relación ríspida con sus maestras, quienes sencillamente no entendían las necesidades del pequeño.

“No, no me llevaba bien con las maestras de la primaria, en realidad no me llevaba bien con ellos, con los maestros no podía, como que les daba coraje que yo tuviera esas capacidades; yo siempre estaba un poco adelantado y proporcionaba información extra durante las clases y eso a ellos no les gustaba. Decían ‘a este niño qué le pasa’”, sentenció entre risas.

Incluso, reconoció sentirse muy mal en ocasiones con esa postura de los maestros de primaria, dijo sentirse frustrado porque los maestros preferían dar la palabra a otros compañeros que a él. “Me sentía muy mal”.

Sobre su incursión en la UNAM

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Luego de relatar que le emocionó mucho la posibilidad de ingresar a la UNAM para cursar un diplomado en química, Carlos Santamaría explicó que cuando los maestros de la UNAM se enteraron de su intención de estudiar en la Facultad de Química se entrevistaron con él y que lo aceptaron incluso sin realizarle alguna prueba.

Ya adentrado en el diplomado, dijo que entre los módulos que más le gustaron fue el relacionado con bioinformática. “En mi tablet tengo un montón de aplicaciones para hacer proteínas”, señala entre risas.

Recordó que durante su primer módulo tuvo un ‘repasito’ de los conocimientos que ya tenía de química (los que adquirió leyendo en Internet), mientras que en el segundo módulo le enseñaron técnicas de purificación de proteínas. Al relatarlo, visiblemente emocionado el pequeño afirma que durante el diplomado no se aburrió como sí le ocurría en la primaria.

Para el pequeño, los estudios cursados durante el diplomado significaron un verdadero reto, ya que las materias no fueron fáciles y por eso no se aburrió. “En el módulo 1, en algo que ya no era tan ‘repasito’, que era mecanismos de transducción de señales, recuerdo que me daban los nombres de unas proteínas que no recordaba, sí sabía qué eran pero me preguntaban qué tipos había y para qué servían, yo no podía recordarlo y me quedé sorprendido”.

El camino hacia la investigación

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Cuestionado sobre sus planes a futuro, con gran firmeza y convicción en su respuesta revela que le gustaría estudiar ciencias genómicas en Cuernavaca, donde incluso ya visitó el Centro de Ciencias Genómicas. Sin embargo, acepta que no será lo único que estudiará.

“Hay más cosas que me gustan, pero lo primero será estudiar ciencias genómicas (…) Tengo como una lista en orden de lo que quiero estudiar, son alrededor de seis cosas las que me llaman la atención, no las tengo presentes todas ahorita pero sí recuerdo genómica, nanotecnología, química farmacéutica biológica y biología”.

Platicó que la lista la ha elaborado con base en las materias que ha cursado y en las cuales ha identificado intereses muy puntuales, pero también gracias a la asesoría que le brindan sus papás, quienes constantemente lo apoyan en la búsqueda de opciones académicas.

Descubriendo al niño genio

Para los papás del pequeño Carlos, descubrir las capacidades que su hijo tiene no fue algo que ocurrió de un momento a otro, sino que se trató de todo un proceso durante el cual identificaron habilidades en el menor que otros niños no tenían tan desarrolladas como él.

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“Carlos primero entró a maternal y nos sorprendió su capacidad para atender temas básicos (números y planetas, entre otros) a un ritmo muy rápido. Hasta ese momento todo era muy bonito, pero al entrar a la primaria todo se complicó porque había mucho rechazo por parte de los profesores y no lo expresaban abiertamente”.

Relataron que incluso los profesores les daban quejas equivocadas de conducta, lo cual derivó en crisis familiares, ello toda vez que no sabían lo que estaba pasando. De acuerdo con Fabián Santamaría, comenzaron a comprenderlo hasta que el niño empezó a estudiar química por su propia cuenta.

“A partir de ahí lo llevamos con una profesora de química que platicó con él, se dio cuenta que estaba aprendiendo realmente y no memorizando. Posteriormente vino el diplomado y a partir de ahí se han trazado pequeños objetivos que conforme se van cumpliendo, los siguientes se vuelven mucho más ambiciosos”.

Entretanto, Arcelia Díaz Sotelo, madre del pequeño, explicó que pese a las adversidades que significó entender las capacidades de su hijo y sobre todo enfrentar el rechazo del que fue objeto en el nivel primaria por la falta de capacitación de los maestros para atender casos como el de Carlos, hoy en día sus logros representan una gran satisfacción.

“Acompañarlo a sus clases, verlo feliz y aprendiendo sin duda significa una gran satisfacción”, aseveró. Asimismo, añadió que los momentos difíciles que se vivieron en la primaria se han superado como familia y han entendido que van por buen camino al ver la estabilidad emocional de su hijo.