El precandidato demócrata convocó a sus simpatizantes a continuar con la “revolución política” para transformar Estados Unidos en un país más igualitario y frenar el giro hacia un sistema oligárquico y corrupto.

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Nueva York.

En un mensaje en directo y en vivo por Internet (livestream) visto por más de 100 mil, Sanders no endosó a la virtual candidata demócrata Hillary Clinton y rehusó -ante la intensa presión de las cúpulas políticas de su partido- suspender su campaña para cerrar filas con la candidata.

Al señalar que su campaña siempre tuvo el objetivo de “transformar a Estados Unidos”, afirmó que ese cambio siempre nace desde abajo “cuando millones y millones declaran que ya basta y por eso esta revolución política tiene que continuar”.

En el plazo inmediato, dijo que su campaña llegará hasta la Convención Nacional para cambiar al Partido Demócrata en una entidad más democrática que represente los intereses de los trabajadores y los jóvenes y no un puñado de donantes multimillonarios de Wall Street.

Prometió promover la elaboración de “la plataforma mas progresista de la historia” del partido. A la vez, aseveró que en el corto plazo, la primera tarea es asegurar la derrota de Donald Trump.

Sanders dejó claro que buscará emplear su capital político como el candidato presidencial progresista más exitoso de la era moderna -ganando 22 estados, mil 870 delegados a través de unos 12 millones de votos y más donaciones individuales que cualquier otro precandidato en la historia- para continuar presionando hacia la izquierda no sólo a Clinton, sino a una buena parte del partido.

Más aún, señaló que una gran parte de sus votantes y delegados son jóvenes y trabajadores, lo que llamó “el futuro del partido y el futuro del país”.

Reiteró sus posiciones básicas que han definido su campaña insurgente desde el inicio, desde rescatar a la democracia estadounidense del 1% más rico (señalando que los 100 más ricos tienen más riqueza que 150 millones de estadunidenses de abajo), poner controles sobre la “avaricia” de Wall Street y desmantelar los bancos más grandes, como también ofrecer educación universitaria publica gratuita, otorgar como derecho el acceso universal a la salud, y elevar el nivel de vida de los trabajadores mas vulnerables (incluyendo incrementar el salario mínimo a 15 dólares la hora).

Subrayó que este movimiento, el cual se tiene que desarrollar a todos los niveles, debe “poner fin a la desgracia de que millones de inmigrantes indocumentados son explotados cotidianamente porque no gozan de ningún derecho”, y que se tiene que promover una reforma migratoria integral que legalice a los 11 millones de indocumentados.

A la vez, llamó a derrotar del Acuerdo TransPacífico, y todo otro acuerdo de libre comercio elaborado para los intereses empresariales.

También llamó por la defensa de los derechos de las mujeres, incluyendo la decisión sobre sus propios cuerpos, como los derechos gay, entre otros temas.

“La revolución política implica una lucha en todos los niveles…. para una nación de justicia económica, social, racial y ecológica”, afirmó. Concluyó que “hemos iniciado el proceso largo y arduo de transformar Estados Unidos” y que espera que los historiadores un día registraran que ese cambio, como el fin de la tendencia hacia la oligarquía en este país, “empezó con la revolución política del 2016”.

Ahora, como escribió el estratega demócrata progresista Robert Borosage, la pregunta es otra: “Clinton ganó la nominación. Ella puede optar si abrazar a ese movimiento o ignorarlo, si adoptar esa plataforma o evitarla, si cambiar al partido o mantener el viejo orden. Sabemos lo que hará Bernie. La pregunta ahora es qué hará Clinton”.

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