El presidente autorizó este viernes la divulgación pública -en contra de los deseos explícitos del FBI, el Departamento de Justicia y legisladores demócratas- de un memorando secreto elaborado por el equipo del representante republicano Devin Nunes quien encabeza el Comité de Inteligencia de la cámara baja y que acusa al FBI y el Departamento de Justicia de proceder de manera parcial y de abusar sus poderes en las primeras etapas de la investigación sobre la mano rusa en las elecciones estadunidenses.

El memorando de cuatro páginas divulgado públicamente hoy revela, según Trump y sus aliados, que la investigación lanzada primero por el FBI y que ahora procede bajo el fiscal especial Robert Mueller -después de que Trump despidió al director del FBI James Comey en mayo del año pasado- es un complot por parte de lo que llaman el “estado profundo”, o sea, la burocracia federal permanente, que supuestamente se opone al presidente.

A pesar de que el liderazgo republicano, entre ellos el propio presidente de la cámara baja Paul Ryan, insistió en que la divulgación pública del memorando no era un intento para atacar al FBI y al Departamento de Justicia, sino sólo para evaluar de manera transparente el proceso de la investigación, el propio Trump dejó hoy claro cuál es su intención real en un tuit esta mañana:

“El alto liderazgo e investigadores del FBI y el Departamento de Justicia han politizado el proceso sagrado de investigación a favor de los demócratas y contra los republicanos -algo que sería impensable hace solo poco tiempo. Las bases (del FBI) son gente maravillosa”.

Poco después, al anunciar la desclasificación comentó que lo afirmado en el documento es “terrible” y que “es vergonzoso lo que esta sucediendo en nuestro país. Mucha gente debería de estar avergonzada de sí misma, y mucho peor que eso”.

Con ello, una vez más atacó directamente a los mismos que lo están investigando y afirmó que han abusado de la ley. Vale recordar que el liderazgo de Justicia y del FBI fueron instalados en su puesto por el presidente.

Más tarde, fue preguntado sobre si está contemplando despedir al subprocurador general Rod Rosenstein -quien nombró a Mueller como fiscal especial en la investigación de Rusia- a lo que respondió; “tú imagínate como será eso” y poco después rehusó responder si aún tenía confianza en ese funcionario.

Poco antes, Trump había expresado a sus asesores que el memorando serviría para comprobar sus acusaciones hechas desde principios del año pasado de que la investigación de su campaña y ahora su Casa Blanca en torno al asunto de la interferencia rusa en las elecciones fue “una cacería de brujas”, y que también podría ayudarlo en justificar el despido de Rosenstein, reportó el Washington Post.

Nunes explicó en una declaración que su comité había “descubierto serias violaciones de la confianza pública, y el pueblo estadunidense tiene el derecho de saber cuando sus funcionarios en instituciones cruciales están abusando su autoridad para propósitos políticos”.

El presidente y Nunes ignoraron repetidas advertencias del FBI de que la revelación del memorando perjudicaría la seguridad nacional al revelar información delicada sobre procesos de investigación y que además era un resumen distorsionado e incompleto. En un acto casi sin precedente, el FBI emitió una declaración pública expresando sus preocupaciones y oposición a la difusión pública del documento. Rosenstein y el director del FBI Christopher Wray presentaron sus argumentos en la Casa Blanca con el jefe del gabinete John Kelly entre otros, suplicando en contra de la revelación tanto por el daño a la seguridad nacional como también para no sentar un precedente.

Trump y sus legisladores aliados ignoraron todo esto, detonaron lo que ahora algunos califican como un conflicto que podría desembocar en una crisis constitucional, ya que sospechan que Trump desea usar el memorando para anular la investigación, y para ello, despedir a Rosenstein, y tal vez a Mueller.

De hecho líderes demócratas advirtieron hoy a Trump que un intento para despedir a Rosenstein sería percibido como un acto de obstrucción de la justicia.

A la vez, todos están a la espera de lo que hará el director del FBI, Wray, después de que el presidente ignoró los consejos del FBI.

Algunos republicanos estaban preocupados por el daño institucional de esta disputa política. “Los ataques más recientes al FBI y el Departamento de Justicia no sirven a ningún interés estadunidense -ni del partido o del presidente, solo para Putin…. Sin vamos a continuar minando nuestro propio imperio de la ley, estamos haciendo el trabajo de Putin”, declaró el senador John McCain.

No pocos ex altos funcionarios del FBI expresaron sorpresa de que los republicanos -el partido que más se asocia con la defensa del “ley y orden” y sus instituciones, y considerados mejores aliados de las agencias policiacas y de inteligencia- estén encabezando el ataque contra la integridad de agencias como el FBI.

Por su parte, los demócratas condenaron la difusión del memorando y el ataque contra las investigaciones. “El líder electo más alto del país ha acordado difundir información clasificada de manera selectiva y engañosa para atacar al FBI”, declaró el representante Adam Schiff, el demócrata de mayor rango en el Comité de Inteligencia.

Algunos señalan que esto se parece a un versión “en cámara lenta de la masacre del sábado en la noche”, referencia a los últimos intentos de Richard Nixon por salvar su presidencia, cuando ordenó el despido del fiscal especial independiente Archibald Cox quien estaba investigando el escándalo conocido como Watergate. El procurador general Elliot Richardson rehusó la orden y renunció, seguido por su segundo William Ruckelshaus, quien también rehusó ejecutar la orden.

Nixon ordenó entonces a quien quedó como procurador general en funciones Robert Bork, quien despidió a Cox. Eso marcaría el inicio del final de esa presidencia.

Trump ya ha despedido a la procuradora general en funciones Sally Yates, al director del FBI James Comey y presionó por la renuncia del subdirector del FBI Andrew McCabe hace unos días.

Se supone que Rosenstein y tal vez otras cabezas podrían rodar -incluso la de Mueller- pero todo esto tiene consecuencias con antecedentes inmediatos en la historia de Nixon.