Cada tanto, el republicano vuelve a dirigir sus dardos contra su vecino del sur, cuyo gobierno ha sido reactivo y con malos reflejos para enfrentar el desafío de la nueva relación bilateral.

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CIUDAD DE MEXICO

Hace un año, el voto popular en Estados Unidos le dio la mayoría a Hillary Clinton; sin embargo, el sistema electoral estadounidense de voto indirecto por colegio electoral terminó por llevar a Donald Trump a la presidencia de aquel país. Desde entonces -en realidad desde antes-, se inauguró una de las peores etapas en la relación bilateral entre México y Estados Unidos.

A continuación, se realiza un análisis puntual, a manera de cronología, de los principales hechos que han marcado la relación entre México y su vecino del norte, caracterizada por la improvisación, la descalificación y los ataques permanentes a nuestro país.

31 de agosto de 2016. Visita del candidato republicano a México. Durante toda la abyecta e irresponsable campaña del entonces candidato, abundaron los ataques contra México, focalizada en el peligro que, según su reiterado diagnóstico, representaba para la sociedad y economía estadounidenses. En uno de los errores estratégicos más incomprensibles y que han representado una de las caídas más abruptas en la aprobación del presidente mexicano, se le recibió como Jefe de Estado. Tras la infructuosa reunión –para México-, Trump abandonó el país para dirigirse a Arizona y confirmar su plataforma antiinmigrante y antimexicana.

8 de noviembre de 2016. Elecciones en Estados Unidos y devaluación en México. Tras confirmarse el triunfo de Trump en el colegio electoral, el peso mexicano sufrió una importante devaluación. Si bien durante el verano obtuvo una recuperación, al día de hoy la cotización del dólar sigue fluctuando en los niveles en que lo dejó la elección presidencial estadounidense.

25 de enero de 2017. Trump firma la orden ejecutiva 13,767, relativa a iniciar la construcción del muro en la frontera con México. Si bien en ese momento no se concretó –ni entonces, ni ahora- se trató de la primera acción como presidente de una de las amenazas permanentes de Trump contra México: la construcción -en realidad, ampliación- del muro fronterizo entre los dos países que, de alguna manera, habría de pagar México.

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25 de enero de 2017. Trump firma la orden ejecutiva 13,768, relativa a recortar el financiamiento a las denominadas ciudades santuario. Con resistencias por parte de algunos alcaldes, la medida tuvo como propósito ahogar presupuestariamente a aquellos centros urbanos que protegen a inmigrantes, con una notoria presencia de mexicanos.

26 de enero de 2017. Cancelación de la reunión de los presidentes en Washington. A pesar del anuncio de que Enrique Peña sería el primer presidente que sería recibido por Trump a pocos días de su asunción el 20 de enero y de la reunión de los equipos en la capital estadounidense para preparar la visita, Trump señaló que como México no trataba “con respeto” a Estados Unidos, no había condiciones para su realización. Dimes y diretes al respecto se ventilaron y resolvieron a través de Twitter, nueva vía diplomática. Ese mismo día, se anunció un incremento del 20% a las importaciones mexicanas para financiar la construcción del muro.

12 de febrero de 2017. Marchas anti-Trump en México. Siguiendo el ejemplo de diversas ciudades en Estados Unidos y en el mundo, se llevaron a cabo en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México y en otras ciudades del país, marchas para repudiar a Trump. De paso, se realizaron consignas contra el gobierno mexicano.

28 de febrero de 2017Trump ante el Congreso. En su primer discurso ante el Legislativo, mantuvo señalamientos sobre la construcción del muro, consumo de drogas, inmigración y crimen organizado.

17 de julio de 2017. Inicio de conversaciones para la renegociación del TLCUno de los estandartes discusivos desde la campaña: terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, “el peor” para Estados Unidos, y que en su errático diagnóstico, solo ha beneficiado a México. De manera limitada y reduccionista, la evaluación de los beneficios del TLC para Trump se enfocan en la balanza comercial deficitaria para Estados Unidos. El tema comercial ya arrastraba agravios y antecedentes importantes.

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Todavía como presidente electo, Trump amenazó a distintas empresas –con resultados mixtos- para no realizar más inversiones en México. Si bien México ha asistido a todas las rondas con cuadros bien preparados para la renegociación del TLC, al día de hoy, su viabilidad pende de la obcecada volubilidad del presidente estadounidense, además de las coyunturas electorales de los dos países, que dificultan en extremo la aprobación de un tratado comercial renegociado.

22 de agosto de 2017. Amenaza de “cierre” del gobierno federal. Ello, de nueva cuenta y ante la imposibilidad de conseguir presupuesto para construir el muro.

5 de septiembre de 2017Fin de DACA. Trump anuncia cambios en las reglas migratorias de uno de los programas claves de Barack Obama, DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, por sus siglas en inglés), por el que aproximadamente 800,000 jóvenes, conocidos como dreamers, habían sorteado la expulsión de Estados Unidos y conseguido algunos beneficios, tales como permisos temporales de trabajo, acceso a escolaridad o licencias para conducir. Un segmento importante de ese grupo es de mexicanos.

14 de septiembre de 2017. De manera desganada y tardía, Trump ofrece condolencias por el terremoto del 7 de septiembre, que afectó vastas regiones de Oaxaca y Chiapas, a pesar de que México manifestó su solidaridad y envió recursos para apoyar las inundaciones ocurridas apenas unos días antes, a finales de agosto, en Houston.

En suma, la relación entre México y Estados Unidos pasa por una de sus peores etapas. Con tal de tener contenta a su cada vez menor base electoral, Trump ha abierto diversos frentes internacionales.

En estricto sentido, se trata de un gobierno que más allá de los incendiarios discursos, se ha enfrentado a límites institucionales que le han impedido cumplir con sus irracionales promesas (con excepción de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático). Cada tanto, vuelve a dirigir sus dardos contra México, cuyo gobierno, ciertamente, ha sido reactivo y con malos reflejos para enfrentar el desafío de la nueva relación bilateral.

En su descargo, hay que señalar que México tiene un interlocutor voluble, frívolo y que no tiene la menor consideración para el país. Un año, pues, marcado por ataques, improvisación y descalificación permanentes.

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*Horacio Vives Segl / es Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Argentina). Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor. @HVivesSegl