Y ¿ahora qué? Son jóvenes que se hacen esta pregunta repetidamente. Ya alcanzaron una parte del sueño americano : graduarse en la universidad. Lo atípico que conlleva su mérito a nivel de ejemplo para el pueblo latino, es su condición: son indocumentados.

Otros ya nacieron en Estados Unidos, pero tienen que sortear una barrea infranqueable para muchos: la pobreza.

En ambos casos han concluido estudios profesionales por el apoyo irrestricto de padres, que han sacrificado horas de sueño y alimento para contribuir a materializar los ideales de sus vástagos.

Las penurias y limitaciones de su origen familiar no los inhibieron, al contrario, los llenaron de coraje para trascender y sufrieron pero se esforzaron, trabajaron de meseros (as), limpiadores de casas, de barrenderos, pero cumplieron con creces con las exigencias de una carrera en prestigiadas Alma Mater.

No les importó salir del empleo, bañarse dentro del gimnasio de la Universidad, y a veces ser víctimas del sueño por el cansancio dentro de la biblioteca. No les importó tampoco asumir máxima secrecía de su estado migratorio para no provocar amagos en su contra de parte de estudiantes de otras etnias.

Lo importante era acudir a las aulas. La necesidad los fortaleció. Los estudios les dieron toque de singularidad.

Ahora, los egresados tienen un valor agregado en lo académico, social y político. Ya cumplieron una meta. Y se preguntan: ¿Y ahora qué? En qué trbajarán en un ambiente en su contra creado por los republicanos que quieren quitarle los beneficios concedidos por el gobierno y por los que lucharon tanto para tener una estancia legalizada en Estados Unidos.

Cada graduado muestra signos exteriores de satisfacción por lo logrado y recuerda encendido sus vicisitudes y penurias y agradecen de manera sentida lo que sus padres y parientes les apoyaron. Son ejemplos de la familia y de la comunidad.

MICHELLE AGUILAR Y SUS PADRES EJEMPLARES

Michelle Aguilar personifica la vida de los estudiantes que se gradúan debido al esfuerzo extremo de los padres y a la aplicación de los universitarios.  Habla con admiración de sus padres, originarios de Guatemala, radicados en Compton, donde ella nació.

Su madre se levanta a las 2:00 de la mañana para iniciar su labor: recicla metal, botes y hasta lavadoras. Lo que haya.  Su padre maneja un camión que transporta cemento. Siempre fueron una respuesta afirmativa a sus peticiones de dinero, de libros, de lo que necesitara para estudiar.

Ahora ya cristalizó su sueño: terminó una licenciatura en historia y estudios chicanos.  Y vivirá eternamente agradecida con sus padres:

“ Yo tuve lo que ellos no tuvieron. No estudiaron. Comían tortillas con sal. Yo no sufrí eso. Mis problemas no son iguales a los de ellos. Tengo qué comer y dónde vivir. Y los tengo a ellos. Lo que hago será para ellos”.

Este es el video de su entrevista, realizada en días pasados en la preparatoria Santee, del sur centro, donde se realizó una jornada sobre estudios étnicos:

SUS PROGENITORES, MOTIVACION DE LOURDES

“Recuerdo que un día mi mama dejó de comer para darnos a nosotros. Yo tenía ocho años . Esa fue la motivación más grande para estudiar. No quiero que mi familia y mi comunidad sufran esto. No hay razón para sufrir así”.

Lourdes lleva ya 20 de sus 23 años de su vida en este país.  Es la primera de su familia en asistir a la universidad. Para costear sus wstudios ha trabajado como mesera , a veces hasta 50 horas  a la semana y para ahorrar también entra a tandas. Ella forma parte de una generación de graduados de la Universidad de California Los Angeles.

Lourdes tiene siete hermanos y por atenderlos su madre, Ramona, no pudo estar presente en la ceremonia de graduación, porque era difícil que trajera a sus vástagos desde la ciudad de Torrance.

Los egresados agradecen a sus padres, sobre todo por la valentía para cruzar la frontera, arrriesgando hasta la vida, pero gracias a este tipo de acciones sus hijos han cursado ya una carrera profesional en una Alma Mater tan prestigiada como UCLA.

HECTOR, TAN TRABAJADOR COMO SUS PADRES

Héctor, de Guadalajara, indica que estudio al ver el esfuerzo de su padre, quien durante 10 años tuvo dos trabajos. “Vas a tu comunidad y te das cuenta que necesitamos mucha ayuda.  Es lo que me motiva. También miro la riqueza de aquí y no creo que sea justo. Necesitamos estar en posiciones que nos den igualdad. ¿Quién nos va a ayudar? Nosotros”, dijo.

Héctor fue traído a este país poco antes de la Navidad de 1994. Su padre ya se encontraba acá pero lo que enviaba para la manutención de sus hijos no alcanzaba y entonces la madre, de 47 años, emigró con sus hijos.Héctor terminó sus studios de sociología y estudios chicanos. “Todo es lucha”, dice este graduado, quien ha trabajado en un mercado como acomodador de mercancía, en la limpieza, de cajero y en una tienda de hamburguesas, donde tomaba órdenes, limpiaba y hacía labores de oficina.

Los fines de semana salía de laborar a las 2:00 de la mañana. Aún debe unos 15 mil dólares de los 25 mil que ha tenido que pagar en colegiaturas y libros en dos años de estudio. Y ahora quiere cursar una maestría en educación  y leyes.

CONSEJOS A JOVENES EN DROGAS O EN LA IMPRODUCTIVIDAD

Otra graduada también tiene frases elogiosas para su madre, María, de Zamora, Michoacán, quien tiene cinco hijos y once años de radicar en esta ciudad. Ella limpia oificinas y salones en el colegio Cerritos. Afirma que se siente orgullosa de su hija. Está separada de su esposo.

Marla estudió literatura mundial y quiere un doctorado en la Universidad de Santa Bárbara.

A las jovencitas que no se atreven a estudiar por su situación migratoria, a las que se embarazan y truncan sus estudios, ó a los que se meten en pandillas y usan drogas, les envía estas palabras:

“ A las muchachas que piensan que no pueden tener futuro por su situación migratoria ó porque piensan que es difícil, que vean que nosotros como indocumentados hemos llegado hasta acá. Los que acá nacieron deben pensar que tienen todos los beneficios, pueden lograr ayuda financiera, asistencia médica. Deben tomar ventaja de eso. Pueden tener amigos, pero todo se va. El estudio nadie se lo roba”.

Y Héctor la secunda:

“ Quiero ayudar a los jóvenes que usan drogas. No se tiene que ser así. Da tristeza que se arruinen. ¡Sí se puede salir de eso! Echele ganas. Hay gente que te va a adyudar. Déjense ayudar!”.

La consigna a estos jóvenes es: a seguir luchando.

“No hay que darnos por vencidos. No ha tiempo para descansar. Tenemos que seguir luchando”, indicó Marla.