Cambios de gobierno (y de cultura)

November 19, 2018 - por

Cambios de gobierno (y de cultura)

Festejo postelectoral en el Zócalo capitalino encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Foto Carlos Ramos Mamahua / Archivo.

CIUDAD DE MEXICO

En unos cuantos días, en México viviremos un cambio de gobierno que muchos piensan será histórico. En Estados Unidos un presidente que se juzga a si mismo como original, toma el poder después de dos años de realizada la elección siguiéndoles dos presidentes y dos gobiernos que si cambian lo harán en sentido profundamente diversos uno, el de allá, en sentido reaccionario, en el de acá en un sentido liberal, incluso socializante, o muy cerca.

En la correlación de fuerzas continentales apenas se notará un esfuerzo de corrección, sin que necesariamente resulte espectacular. No obstante, la intención pudiera tener efectos multiplicadores. Algunos, tal vez la mayoría, siguiendo la imagen de Donald Trump, en un sentido hondamente reaccionario. Otros, probablemente la minoría, siguiendo la figura de Andrés Manuel López Obrador, en un sentido liberal profundo, hacia la lzquierda. Las cartas están abiertas pero los números se concentrarán mayoritariamente en favor de la perspectiva del presidente estadunidense, es decir, hacia la reacción que encarna nítidamente,

En algún artículo hablamos anteriormente de la derechización del mundo, sin considerar los extremos fascistoides que casi siempre lleva consigo el pensamiento reaccionario. Desgraciadamente la reacción mundial ha comenzado a rescatar hoy los aspectos más atroces del nazifascismo “clásico”, recordando bien que las batallas reaccionarias se hicieron acompañar siempre de los más crueles estilos de subordinación física y psicológica, del que no han estado ausentes ni los campos de concentración ni el exterminio de millones de personas. En más de cien años de siniestra experiencia nazi, una de las culminaciones del lado bárbaro que aún conserva la naturaleza humana, es la vocación hacia el exterminio racial, es decir, la vocación hacía una violencia sin limitaciones.

Desafortunadamente la izquierda tampoco se ha podido despojar de esta violencia sin fronteras. Basta recordar a los goulags y a los llamados juicios de Moscú, entre otras muchas experiencias, para tener también presente hasta dónde llega la violencia por pretextos ideológicos. En todo caso, debemos recordar cómo la violencia de la izquierda ha sido un poderoso factor de inhibición de su propio movimiento, ante el temor de  su propia autofagia. En otros términos: ¿en cuántos casos la izquierda ha dejado de tomar la iniciativa en una situación revolucionaria concreta, por temor a su destrucción? Tal vez el fenómeno pueda llamarse de temor a la autofagia, o a la autodestrucción. y podemos preguntarnos cuántas veces y en dónde ha sido inhibitorio del desarrollo revolucionario.

En otras palabras: Andrés Manuel López Obrador tendrá que cruzar todavía varios Rubicones para afianzarse en el poder sino para cambiar a la sociedad entera (“la cuarta transformación”), según lo ha proclamado en múltiples ocasiones. En realidad, se trata de un conjunto de acuerdos, o de consensos que van hacia arriba, o que bajan de la cúpula social a su fundamento, única manera de reconstruir el tejido social y de rehacerlo desde sus raíces. Para AMLO, la sociedad en su conjunto sería el resultado de una multitud de acuerdos o pactos sociales, y no solo el producto de un solo pacto entre la sociedad y el Estado, como han proclamado casi en su totalidad los sociólogos de la época moderna. Un conjunto de pactos sociales y de consensos que abarcarían a la sociedad entera, en sus más variadas dimensiones, y no solo el consenso y el acuerdo de sus partes esenciales, entre las cuales se pueden reconocer al Estado y a la sociedad.

Difícil la tarea que propone AMLO porque supone una multitud de consensos hacia arriba y hacia abajo. La sociedad como producto de un gran consenso social y de acuerdos entre sus partes, que harían posible la vida en libertad y la libertad como ingrediente fundamental de la vida social. Posiblemente más difícil de lograr que los acuerdos fragmentarios y parciales, pero que precisamente por eso implican la gran tarea que Andrés Manuel López Obrador se ha propuesto lograr con los mexicanos de nuestro tiempo. Dificultad que que el presidente electo se ha propuesto lograr, trascendiendo sus dificultades y desacuerdos que él juzga como temporales y superables.

Los actuales críticos de AMLO no disciernen con precisión ni la materia social con la cual trabaja, ni los medios “escalonados” y profundamente democráticos que anuncia. Por ese motivo llegan a la fácil conclusión de que se trata de una “Utopía” inalcanzable y de una visión social también profundamente irrealizable por la razón de que consideran también imposibles de lograr los múltiples acuerdos sociales y los consensos que de ellos se derivan. Con tal inflexibilidad de miras posiblemente tendrían razón.

Pero no la tendrían tanto en la perspectiva de una sociedad soldada por el consenso, o por múltiples consensos, y en la cual tal vez ya no existiría una lucha de clases como la actual, y en la que las batallas por los intereses particulares se sustituyera por batallas en favor del conjunto, es decir, en favor del todo social.

*Víctor Flores Olea es un ensayista, narrador, autor de libros en materia política e internacional, diplomático y fotógrafo mexicano. Ha sido profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en la que fue director (1970-1975). Fue embajador en la Unión Soviética (1975-1976); subsecretario de Cultura en la Secretaría de Educación Pública (1977-1978); vicepresidente de la Comisión de los Estados Unidos Mexicanos para la Unesco (1977); representante de México ante la UNESCO (1978-1982); subsecretario para Asuntos Multilaterales de la Secretaría de Relaciones Exteriores (1982 -1988); primer presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) (1988-1992) y representante de México ante la ONU (1994). Actualmente es colaborador del periódico La Jornada