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Herramientas para la igualdad

June 21, 2024 - por

Herramientas para la igualdad

Monterrey, N.L.

“La producción de VACUNAS Y MUNICIONES eran cruciales porque ambas defendían contra el enemigo. Este era el mensaje político que circulaba hace décadas en México, cuando el país contaba con un sistema de inmunología tan sólido que no solo abastecía a la población de todos los biológicos recomendados por UNICEF, sino que exportaba a 15 países.” (sic)
Fuente: https://www.infobae.com/america/mexico/2020/06/10/por-el-neoliberalismo-mexico-paso-de-potencia-a-dependiente-en-materia-de-vacunas/
Muchos pueden pensar ante esa introducción: “Y ahora ¿qué mosca le picó al doctor?” Pero cuando me tengo que chutar clases “progres buena ondita”, brota el “reaccionario políticamente incorrecto” que llevo dentro de mí.
Primero: tuve hoy una clase donde nos preguntaron qué era la política, y qué era la ética. Y sigo sin entender a muchos que les gusta poner mucha verborrea a todo. La política es la rama de la actividad humana que versa sobre la manera de enfrentar las situaciones de las “polis” (derivado de las antiguas ciudades-estados). Y es una actividad reservada para ciudadanos. Los vasallos, no se diga los esclavos, están eximidos de la política. Ahora, la política tiene que estar respaldada por la ética. Porque la ética va más allá de la moral o lo legal. Algo puede ser moral para mí, pero no para otro (Ergo: matrimonios igualitarios). Una norma puede ser legal, pero ser injusta al mismo tiempo. Por ende, ver por el bien común de la mayoría es una particularidad intrínseca de la ética. Por eso, al ver y discutir sobre la situación de la comunidad (política), se requiere de ética para poder obtener un consenso favorable, si no para todos, sí para la mayoría.
Ahora, las primeras democracias enfrentaron sesgos tremendos. Tanto griegos en la antigüedad, como estadounidenses en la era moderna, dejaron fuera de la democracia a esclavos y mujeres. Por ende, no se puede hablar en forma estricta de “bien común”. Y se tuvo que luchar para erradicar el esclavismo, la misoginia y el machismo; y después el racismo, la xenofobia y otras formas de discriminación. Porque, podemos dar muchas vueltas a ciertas cuestiones, pero esto es simple: alguien que se defina como “democrático”, tiene que ver COMO IGUALES al resto de las personas. Sean del género que sean, sean del color y origen étnico que sea, sean de la religión que sea, y, sean del estrato socioeconómico que sean. De lo contrario, no puede definirse como “democrático”. Y, en un momento donde muchos se quejan de la “ignorancia” de sus opositores políticos, y acusan del “peligro” de una “oclocracia” (un término que desconocían hasta hace poco), pues: no podemos decir que tengamos una discusión con personas que nos vean como sus “pares”.
Lo cual me lleva al precepto más básico de todos: trata a los demás como quieres que te traten a ti. Así de ¿simple?
Ahora, escuchar una y otra vez sobre el “imperialismo estadounidense”, pues: llega un momento donde me da mucha, pero mucha flojera. Y por algo muy sencillo: siempre olvidan una variable. O, si la recuerdan, la critican ferozmente. Y esa variable son las ARMAS. Miren: los estadounidenses también hicieron una Revolución para quitarse la opresión de una potencia colonizadora. Y su revolución sirvió de ejemplo no solo a América latina. Sirvió de ejemplo hasta a Francia.
Pero los estadounidenses sabían algo básico: solo el que produce mejores armas, y las DISTRIBUYE, puede ganar una guerra, y mantener su soberanía. Y eso lo hicieron extensivo a que cada ciudadano (así fueran solo hombres, y blancos, en ese momento), tuviera un arma y estuviera listo para marchar al instante. Los famosos “minute man”; hombres que, en un minuto, estaban ya listos y pertrechados para ir a la batalla. Porque eran “herramientas para la igualdad” (sic).
Pero eso era porque su sistema veía a todos como “iguales”: pobres o ricos, patrones o empleados. Insisto: así fuera solo con los varones blancos.
Así que siempre que escuchó sobre la “soberanía”, no solo de México, sino de América latina, me río. Porque, mientras no produzcamos nuestras propias armas, siempre podremos ser avasallados, de nuevo. Algo que los revolucionarios mexicanos tenían muy en mente. No en balde, México fue de los primeros países en el mundo en fabricar tanques de guerra, y aviones de combate. ¿Qué sucedió con dichas fábricas? Se los dejó de tarea. Pero por eso puse la cita introductoria de este artículo.
Algo que Lula también sabe, y por eso busca que Brasil produzca aviones militares y hasta submarinos nucleares. Pero que solo le ha costado críticas no solo de extraños, sino de propios.
En fin: me salí del curso cuando empezaron a hablar de Simón Bolívar, y comentaron su viaje a México. Lo que casi nadie comenta, es que fue amante de la “Güera” Rodríguez. Sí, la que también fue la amante de Agustín de Iturbide (según algunas malas lenguas). Y, para algunos, la verdadera “madre” de la Patria, ya que (dicen), convenció a Iturbide de hacer la Alianza que permitió la Independencia. ¿Qué tanto influiría dicha mujer en Simón Bolívar, para que se volviera un prócer independentista también?
Pero ya cuando no puedes discutir ciertos temas, por ser “políticamente incorrecto”, la verdad pierde. Y pierde mucho…