Lo bueno y lo malo de López Obrador. Mesura

June 30, 2019 - por

Lo bueno y lo malo de López Obrador. Mesura

El Presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto Cuartoscuro

CIUDAD DE MEXICO

Las pasiones encontradas que inspira Andrés Manuel López Obrador contaminan los sentidos y envenenan las apreciaciones. En efecto, es un hombre al que resulta más fácil amar u odiar que comprender. Puedo entender que haya sectores afectados en sus intereses y privilegios por los cambios que propone la 4T; empresarios molestos por el fin de prebendas y licitaciones a modo, medios de comunicación y columnistas que nunca le perdonarán haber sido destetados de la ubre presupuestal, intelectuales y sus proyectos que habían convertido en modus vivendi el subsidio oficial; rivales políticos arrasados por la ola morenista. Ninguno de estos sectores dejará de descalificarlo existan o no argumentos, y seguirán deseando el fracaso de su proyecto.

Pero hay muchos otros mexicanos molestos “de buena fé” por lo que consideran errores, defectos o arbitrariedades del presidente; personas, incluso, que habrían votado por él. Es arrebatado y rijoso, desdeña las instituciones democráticas, desprecia a la sociedad civil.

Hemos cometido un error al creer que López Obrador era un portador de los ideales de la izquierda moderna que abraza los temas ecológicos, el feminismo, los derechos humanos de segunda generación, la diversidad sexual, etc. No es que está en contra de ellos, pero su obsesión son la pobreza y la desigualdad en la que vive la mitad de la población. Esos son los derechos humanos que le importan, esa es su prioridad.

En el fondo se trata de dos cosmovisiones encontradas. Los sectores urbanos de clase media y alta, sean progresistas o conservadores, son producto de su circunstancia, una muy distinta a la de AMLO. Él proviene del México profundo, en el cual la mayor parte de las preocupaciones de estos sectores modernos resultan una exquisitez. Cuando el estudiante que se ha preparado durante años para irse a estudiar al extranjero se topa con recortes en las becas argumenta, con razón, el crimen que representa para un país dejar de capacitar a sus cuadros con calidad competitiva a nivel internacional. La respuesta de AMLO es igualmente irrefutable: no es posible sostener tantos becarios internacionales cuando escuelas en la sierra tarahumara tiene un solo profesor para los seis grados de primaria.

Dos visiones válidas, pero que al combinarlas se convierten en agua y aceite. López Obrador desconoce realidades de los pisos superiores del edificio social, pero nadie como él conoce los pisos inferiores. Ningún otro miembro de la clase política ha vivido, como él, recorriendo los municipios del país y visitando cuanta ranchería existe. Ciertamente algunas de sus apreciaciones resultan rústicas a nuestros ojos, carece de roce internacional, está encerrado en sus lecturas del siglo XIX y en los mitos de sus héroes, y maneja una decena de pulsiones que repite sin cesar. Pueden parecérnos simplistas, pero son las que emanan cuando se mira desde abajo el país que hoy tenemos.

Mientras el mundo urbano de los de arriba cada vez se sentía más cerca de Suecia o España por las formas democráticas conquistadas, el territorio se perdía ante el crimen organizado, el Estado se convertía en botín de políticos y empresarios depredadores y se abandonaba el resto del territorio a la inseguridad y la pobreza. A ojos de AMLO la corrupción y la desigualdad entre sectores y regiones nunca había sido mayor que ahora; tal entramado de instituciones sirvió de nada o fueron cómplices pasivos de ese inexplicable deterioro de los sectores desprotegidos. En todo caso, la llamada sociedad civil no es su sociedad civil, pues en ella están sobrerrepresentados los sectores beneficiados por una modernidad que en los hechos ignoró al México subterráneo donde habita la mayoría.

¿Son irreconciliables estas dos visiones encontradas? Sí, pero eso no descarta la posibilidad de construir mínimos de convivencia para alcanzar algunas metas comunes, una de las cuales consiste en no destrozar al país. Desde luego que seguirán existiendo los chairos que animados por el resentimiento están más interesados en
el desquite que en la construcción. De la misma manera, habrá sectores que no cejarán en su propósito de hacer fracasar al presidente para evitar perder sus privilegios. Pero la mayoría vive entre estos dos extremos. Y ambos polos tendrían que asumir que esto es lo que hay. AMLO concibiéndose como presidente de todos los mexicanos y no solo de los que le apoyan; lo cual significaría seguir viendo por las mayorías pero intentando minimizar el costo para las minorías.

Por su parte, a los que cuestionan su visión, sus métodos o sus actitudes, a los que se avergüenzan de su provincialismo, les convendría asumir que el paquete viene completo y habría que estar conscientes de que quizá les salió barato. Hay un México rezagado, profundamente ofendido y potencialmente violento que votó por AMLO tras muchos años de abandono. Pese a sus defectos es una versión pacífica y constructiva del México lastimado en cuya construcción todos fuimos cómplices. No volvamos a lastimarlo ridiculizando a su líder por no saber inglés, porque comete errores o porque no tiene mundo. Desde Salinas hasta Peña Nieto, gabinetes incluidos, fuimos gobernados por egresados de universidades en el extranjero, y así nos fue. No, López Obrador no va a destruir el país; seguramente terminará su sexenio con un balance de aciertos y desaciertos como lo han hecho sus predecesores, aunque esta vez el impulso pendular será en dirección opuesta y a favor de los pobres. La verdadera amenaza para México es que polarización nos carcoma y terminemos saboteando entre todos las bases mismas de la convivencia.

MESURA

Es cierto, tenemos un presidente atípico, provocador y más rijoso de lo que quisiéramos, usa las estadísticas a su antojo y le cuesta aceptar la crítica. Pero antes de ponerse un “chaleco México” y salir a la calle a pedir su renuncia o darle un like a los hashtags virales que vomitan en su contra, pongamos un poco las cosas en perspectiva. Primero, porque nada se ha roto, para decirlo rápido. A estas alturas con Ernesto Zedillo el peso se había devaluado y la economía había entrado en una debacle que obligó a Estados Unidos a un rescate tan humillante como misericordioso. El dólar y la inflación se mantienen sorprendentemente controlados y las perspectivas económicas no están para fiestas pero tampoco son alarmantes. No tendremos una recesión de menos 9% en el PIB como sucedió en 2009 con Calderón, ni locuras como la nacionalización de la banca con López Portillo. Por lo demás, está claro que el desempeño de la economía mexicana depende más del entorno internacional y las veleidades de la globalización que de las decisiones de su presidente. Rijoso o no, la enorme prudencia con la que ha llevado la relación con el intempestivo huésped de la Casa Blanca revela que en las cosas que en verdad pueden dañar a México, López Obrador es mucho más presidencial de lo que sugieren sus exabruptos y refranes desgastados. Pelear con Trump en nombre del orgullo mexicano, habría sido la vía idónea para exaltar a la masa y reforzar su popularidad en la calle. Sería lo esperable de un populista nacionalista e irresponsable como el que nos pintan sus adversarios en las redes sociales. Pero en el fondo AMLO no come lumbre ni comete locuras, pese a su folclórico estilo.

Vayamos a lo que en verdad importa. En cinco meses introdujo nuevas leyes en el ámbito laboral que rompen el control de las élites sindicales y constituyen un misil en contra del dañino corporativismo del viejo régimen. Una medida histórica, por donde se le vea, a la que no se atrevieron los gobiernos de “la apertura” de Fox y Calderón. En cinco meses redujo a diez por ciento la ordeña de los guachicoleros, un cáncer salvaje y violento que creció frente a la pasividad, si no es que con la complicidad de los gobiernos anteriores (y sí, hay detenidos, pese a que diga lo contrario la propaganda de sus adversarios). No sé si la Guardia Nacional sea la solución contra la inseguridad pública que va devorando región tras región de nuestro país, pero pago por ver. Lo que está claro es que no podíamos seguir por donde íbamos.

Pero, sobre todo, me parece que habrá un antes y un después con AMLO en lo que toca al dispendio y la corrupción de la clase política. La apropiación del patrimonio público como un derecho adquirido por los funcionarios ha recibido un tiro de muerte, espero. Muchas de las medidas de austeridad del nuevo gobierno parecen anecdóticas, incluso imprácticas y en más de un caso perjudiciales (la pérdida de talento, por ejemplo). Puede ser un exceso someter las jornadas presidenciales al caos de los aeropuertos y al desgaste de la clase turista en cabinas de avión abarrotadas, pero en conjunto, eso, los zapatos desgastados y todas las normas, usos y costumbres que se están imponiendo, entrañan un cambio radical del saqueo al que se sometía a la administración pública. Antes de execrar el siguiente “me canso ganso” habría que recordar los excesos faraónicos y multimillonarios de una clase que creció bajo la consigna de político pobre es un pobre político.

Cuando veo la intensidad con que se repudia en algunos círculos a López Obrador, la vehemencia biliosa que provocan los dislates y defectos del presidente, las redes de odio que se han construido en su contra, me pregunto ¿qué hay en el fondo de esta reacción?. ¿Por qué antes no encontraban el aire irrespirable? Supongo que tampoco les gustaba la corrupción, el saqueo, la pasividad ante la inseguridad galopante o la frivolidad del gobierno, pero más allá del chiste inocuo por las torpezas verbales de Peña Nieto, no parecía provocar urticaria, como ahora, lo que hacía y decía el presidente.

Me parece oportuno llamar la atención sobre los desaciertos de la nueva administración, pero sería conveniente apuntar también sus aciertos; eso se traduciría en un mejor gobierno. Habría que evitar nutrir el ambiente intoxicado que provoca la eterna cantaleta unilateral de algunos medios sobre los negros del arroz de la 4T o los memes y videos de odio que circulan en la redes. Habría advertir que muchos de esos videos, pese a la calidad de producción que ostentan, son propaganda disfrazada de noticia y plagada de información falsa o distorsionada.

En suma, sugiero bajarle dos rayitas porque será una travesía larga; no hundir el barco cuando apenas va saliendo del puerto, sobre todo porque todos vamos en él.

@jorgezepedap

www.jorgezepeda.net