Pide Papa tregua global y condonar deuda a países pobres

April 12, 2020 - por

Pide Papa tregua global y condonar deuda a países pobres

El papa Francisco durante la misa de Domingo de Pascua, en la Basílica de San Pedro, en El Vaticano. Foto Afp

En un mundo “abrumado por la pandemia, que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba”, demanda “el contagio de la esperanza”, afirma en la basílica de San Pedro, totalmente vacía. Texto íntegro de su mensaje de Pascua.

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Ciudad del Vaticano.

 El papa Francisco instó este domingo en su mensaje de Pascua a instaurar un “alto el fuego global e inmediato” para hacer frente a la pandemia del nuevo coronavirus y exhortó a reducir o anular la deuda de los países más pobres.

En un mundo “abrumado por la pandemia, que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba”, el papa pidió “el contagio de la esperanza”, en un mensaje pronunciado en la basílica de San Pedro, totalmente vacía.

El papa propuso que “se relajen” las sanciones internacionales de los países afectados “y se afronten -por parte de todos los países- las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”.

Estados Unidos rechaza por ejemplo levantar las sanciones económicas impuestas a Irán, un país muy afectado por la pandemia.

Francisco también reclamó un “alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo”.

“No es este el momento para seguir fabricando y vendiendo armas, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas”, afirmó en este mensaje dirigido a los 1.300 millones de católicos y difundido en directo.

El papa habló entre otros de Yemen y Siria pero también de Irak, Líbano, del conflicto israelopalestino, el del este de Ucrania o de “los ataques terroristas perpetrados contra tantas personas inocentes” en África, así como el drama de los migrantes y de la situación humanitaria en el norte de Mozambique.

También pidió una solución “práctica e inmediata” para que la ayuda internacional llegue a los venezolanos.

Francisco lanzó un mensaje específico a Europa, para que resurja “gracias a un auténtico espíritu de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado”, en particular después de la Segunda Guerra Mundial.

Frente a la pandemia mundial que afecta duramente a países como Italia, España y Francia, el papa pidió “soluciones innovadoras” así como dejar atrás el “egoísmo”.

Pese a un acuerdo para un fondo de rescate de medio billón de euros, la Unión Europea está dividida sobre como abordar las consecuencias económicas de la pandemia.

“Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos”, dijo también el pontífice.

Mencionó especialmente “a los ancianos y a las personas que están solas”, así como a los médicos, las enfermas, los militares y todos lo que trabajan en centros sanitarios o están en cuarteles y prisiones.

“Para muchos es una Pascua de soledad, vivida en medio de los numerosos lutos y dificultades que está provocando la pandemia, desde los sufrimientos físicos hasta los problemas económicos”,

MENSAJE PAPAL

Este es el texto íntegro del mensaje del Papa:

A los hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares

Queridos amigos:

Con frecuencia recuerdo nuestros encuentros: dos en el Vaticano y uno en Santa Cruz de la Sierra y les confieso que esta “memoria” me hace bien, me acerca a ·ustedes, me hace repensar en tantos diálogos durante esos encuentros y en tantas ilusiones que nacieron y crecieron allí y muchos de ellas se hicieron realidad. Ahora, en medio de esta pandemia, los vuelvo a recordar de modo especial y quiero estarles cerca.

En estos días de tanta angustia y dificultad, muchos se han referido a la pandemia que sufrimos con metáforas bélicas. Si la lucha contra el Covid es una guerra, ustedes son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo. Ustedes son para mí, como les dije en nuestros encuentros, verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.

Sé que muchas veces no se los reconoce como es debido porque para este sistema son verdaderamente invisibles. A las periferias no llegan las soluciones del mercado y escasea la presencia protectora del Estado. Tampoco ustedes tienen los recursos para realizar su función. Se los mira con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico. Muchas veces mastican bronca e impotencia al ver las desigualdades que persisten incluso en momentos donde se acaban todas las excusas para sostener privilegios. Sin embargo, no se encierran en la queja: se arremangan y siguen trabajando por sus familias, por sus barrios, por el bien común. Esta actitud de Ustedes me ayuda, cuestiona y enseña mucho.

Pienso en las personas, sobre todo mujeres, que multiplican el pan en los comedores comunitarios cocinando con dos cebollas y un paquete de arroz un delicioso guiso para cientos de niños, pienso en los enfermos, pienso en los ancianos. Nunca aparecen en los grandes medios. Tampoco los campesinos y agricultores familiares que siguen labrando para producir alimentos sanos sin destruir la naturaleza, sin acapararlos ni especular con la necesidad del pueblo. Quiero que sepan que nuestro Padre Celestial los mira, los valora, los reconoce y fortalece en su opción.

Qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones. Ustedes están ahí, poniendo el cuerpo junto a ellos, para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas. Los felicito y agradezco de corazón. Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.

Sé que ustedes han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento… y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos.

También quisiera invitarlos a pensar en “el después” porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten. Ustedes no son unos improvisados, tiene la cultura, la metodología pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio. Quiero que pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo. Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable; es más, ustedes poseen una voz autorizada para testimoniar que esto es posible. Ustedes saben de crisis y privaciones… que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida para sus familias y comunidades.

Sigan con su lucha y cuídense como hermanos. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los bendiga, los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles esa fuerza que nos mantiene en pie y no defrauda: la esperanza. Por favor, recen por mí que también lo necesito.

Fraternalmente,

Francisco.

Ciudad del Vaticano, 12 de abril de 2020, Domingo de Pascua.