Tepetitán de mis recuerdos, la tierra natal de AMLO

July 2, 2018 - por

 Tepetitán de mis recuerdos, la tierra natal de AMLO

En esta casa nació el próximo presidente de México.

Entre muchas experiencias de vida guardo haber vivido casi un año en Tepetitán, del Municipio de Macuspana, en Tabasco pero nadie crea por esto que conocí a Andrés Manuel López Obrador y soy de él amigo. Todavía no nacía el inquieto individuo convertido hoy en presidente electo de México por obra y gracia de la voluntad muy mayoritaria del desesperado pueblo de nuestra República sumida en el oprobio, la inseguridad, miseria, corrupción, impunidad y otros lastres infecciosos del sistema social. Miembro de una familia de clase media de aquellos tiempos, hubiera disfrutado de muchos privilegios en su niñez y juventud de no ser por la tremenda discriminación existente entonces hacia personas  que no perteneciera ä la “alta sociedad” y eran clasificados inferiores quienes eran  “gente de la rivera” y su poblado de nacencia está enclavado precisamente a la orilla de un rio primoroso, ancho y de impetuosa corriente como el carácter de quien va a dirigir los destinos de la nación azteca los próximos seis años, a partir del 1º. de diciembre.

Era mi deseo estar este 1º. de julio en Tepetitán para participar en la magna celebración de este maravilloso pueblo ribereño al ver encumbrado al puesto de presidente por primera vez en la historia a un tabasqueño y, por supuesto, lo jamás soñado: parido, criado, crecido y educado entre el sudor natural de estas tierras tropicales con la exuberancia del mágico verde cubriendo todos los rincones de este selvático medio ambiente donde el trabajo, el tesón, la terquedad convertida en ideología tiene el privilegio de llevar a niveles de grandeza a quien se lo propone pues talento hay, inteligencia indiscutible y fortaleza sobra cuando se templa en lucha permanente con quienes nos consideren inferiores por ser “gente de la rivera” o no hablar de corrido tratando de engañar a todos mas cuando ¡maldición humana! se tiene inclinación a las actividades políticas.

Por vejentud y problemas derivados de lo mismo no pude volver a pisar las húmedas calles sin pavimento de ese lugar permeado más por la pobreza que por la lluvia constante en estas primicias del mes de julio. Ahí fue donde nuestro presidente electo tuvo el primer contacto con las necesidades de la gente humilde. La sumisión de niños y jóvenes al más incierto de los futuros cuando con mucha dificultad existía una sola escuela primaria y secundaria para recibir educación formal. Tuve la fortuna de conocer este pueblo que hoy ya es Villa, cuando en el peregrinar de mis quince agostos encontré una oportunidad de trabajar en un campo de exploración petrolera, precisamente, en las afueras de Tepetitán, donde el ingeniero José Colomo creía en la existencia de un manto petrolífero. Fuimos recibidos como héroes salvadores de la región y pudimos disfrutar todos los privilegios deseados. Para desgracia de todos, la perforación no encontró ningún manto de oro negro y salimos de ahí para verdadera congoja del pueblo entero a cuyos habitantes vi llorar, sufrir nuestra partida y maldecir a la naturaleza por no haber contenido ese negrusco aceite por el cual la humanidad se está pudriendo pero que trae riqueza momentánea al lugar donde se extrae.

Más o menos a esas fechas debe haber nacido Andrés Manuel y seguro escuchó de la fallida incursión petrolera pues una de las familias afectadas fue la suya propia. La madre del ahora presidente en espera de turno llevaba a vender al campo de exploración mercancía, principalmente alimentos, que transportaba en un cayuco y esperábamos con impaciencia los jueves de cada semana. En aquellos tiempos veíamos a la cabecera del Municipio, Macuspana, como un sitio lejanísimo tal cual debe haber sido la distancia para López Obrador, pues allá fue a tener sus primeras experiencias de líder alimentado su centro mental de los bienes y los males derivados de esa riqueza nacional mal administrada desde siempre, provocadora de ambiciones desmedidas y controlada por intereses ajenos al pueblo quien ilusamente es legítimo dueño de los veneros económicos enriquecedores de mafias sindicales, políticos nefastos y mediadores inescrupulosos tercos, necios, en hacer quebrar una industria para finalmente regresarla a manos (a los bolsillos) de los pulpos internacionales a quienes se le había arrebatado patrióticamente en tiempos de Lázaro Cárdenas del Rio, figura histórica digna de imitar por quien quiera el progreso nacional.

Andrés Manuel nunca se apartó de sus raíces tepetitanescas como muestra su forma de comerse las eses al hablar o distorsionar su sonido como jota, manifestando como el subconsciente dicta los razonamientos de necesaria equidad social para todos los humanos sin denigrarlos por ser “gente de la rivera”, tener procedencia humilde, diferente tipo de creencia religiosa, color de piel o preferencias sexuales. El es ejemplo vivo de los altos valores del mexicano nacido en cualquier región del territorio, quien con esfuerzo, decisión y confianza en sí mismo puede llegar a realizar portentos como crear en tan sólo 4 años la fuerza política más grande de nuestra nación y como premio (¿o castigo?) obtener para sí mismo la presidencia de la República a partir de este diciembre del 2018.

Regresaré algún día a esa Villa de Tepetitán, bañadas por las aguas del rio donde seguramente muchas veces nadó el ser humano en quien tenemos depositadas nuestras esperanzas millones de mexicanos quienes coreamos durante meses y lo seguimos haciendo ahora “!Es un honor estar con Obrador!”

*Armando Guerra, periodista mexicano con más de 40 años de residencia en Los Angeles, California, donde fue director del diario La Opinión.