Trabajadores agrícolas, entre calor, humo y coronavirus

October 25, 2020 - por

Trabajadores agrícolas, entre calor, humo y coronavirus

Una semana después de que comenzara el incendio de Walbridge en el norte de California a mediados de agosto, me reuní con Ezekiel “Zeke” Guzmán a las 11pm en el desolado estacionamiento de un McDonald’s.

Minutos más tarde, nos dirigimos por los senderos de la región vinícola del condado de Sonoma hacia la zona de evacuación obligatoria del incendio. La tasa de infección por Covid-19 del condado había alcanzado recientemente su punto máximo, por lo que ambos llevábamos mascarillas N95, y hacíamos todo lo posible por mantenernos a distancia en el coche de Guzmán.

Zeke señaló con la mano los viñedos por la ventana. “Zinfandels, cabernets, merlots, durifs”, dijo. “El fuego sigue ahí, ¿ves?”

Señaló un resplandor anaranjado entre dos colinas negras. El incendio de Walbridge es solo una rama del enorme incendio LNU Lightning Complex, que ha cobrado la vida de cinco personas y arrasado más de 550 millas cuadradas hasta ahora.

Guzmán es presidente de Latinos Unidos del Condado de Sonoma, una organización local sin fines de lucro que brinda alimentos y ayuda financiera a los trabajadores agrícolas y sus familias. Vemos un reflector en un viñedo cercano y él se detiene junto a las hileras de uvas. Un pequeño grupo de trabajadores de campo se encuentra ocupado cosechando.

“¿Ya terminaste esta noche?” Le pregunta Guzmán a una trabajadora en español. Su rostro está cubierto con un pañuelo. “¿Tienen mascarillas y todo lo que necesitan?”

“Sí, sí”, le asegura, “todo está bien”.

Peor temporada

Mientras California sufre su peor temporada de incendios forestales en la historia moderna, los trabajadores agrícolas todavía van a trabajar, enfrentando el calor, el humo y la Covid-19 para recoger uvas y cosechar fresas. A los activistas como Guzmán les preocupa que la combinación histórica de desastres de este 2020 también esté propiciando los abusos laborales. Después de recibir un aviso preocupante de un ex trabajador agrícola, él y un pequeño grupo de organizadores laborales fueron de viñedo en viñedo, tratando de ver si se estaban produciendo infracciones laborales en los campos.

Una espesa niebla amarilla del humo de los incendios forestales se ha asentado sobre California, y los investigadores del campo de la salud advierten que podría tener efectos tanto inmediatos como a largo plazo en los residentes. Las mascarillas como la N95 pueden filtrar las partículas de humo, pero los trabajadores agrícolas de Fresno a Salinas dicen que no están recibiendo el equipo de seguridad que necesitan.

Guzmán solía ser un trabajador agrícola. Cuando era niño, su papá marchó junto con César Chávez y solía rociar pesticidas en los ciruelos, sin usar equipo de protección. “Solo le ponían una gorra y lentes de sol”, dijo.

Cree que el trabajo agrícola se ha vuelto aún más difícil desde entonces. David Hornung, ingeniero principal de seguridad de la División de Seguridad y Salud Ocupacional de California (Cal/OSHA), coincide con esto de cierta forma.

“Es un momento muy difícil para ser trabajador agrícola”, dijo en una entrevista reciente. Hornung es el coordinador del programa de calefacción y agricultura de la agencia y dice que el cambio climático y la pandemia están dificultando aún más un trabajo de por sí difícil.

“El trabajo agrícola es el trabajo más peligroso, posiblemente, en California”, dijo. “Su tasa de mortalidad [de los trabajadores agrícolas] es cinco veces mayor que la de la industria en general. El cambio climático hace que nuestros veranos sean más calurosos. Además de eso, tenemos la Covid-19 y todos los peligros relacionados con eso. Y luego, además de eso, tenemos el humo de los incendios forestales”.

Incendios y pandemia

No es solo que estos desastres están ocurriendo todos a la vez. Se están intensificando entre sí. A los expertos en salud ambiental les preocupa que los constantes incendios forestales puedan exacerbar la pandemia, y los trabajadores agrícolas ya se están viendo afectados de forma desproporcionada por el virus. La agricultura se ha considerado esencial y los trabajadores a menudo se ven obligados a vivir en alojamientos hacinados.

Cuando comenzaron los incendios forestales en el condado de Sonoma, varios activistas locales dijeron que muchos trabajadores agrícolas huyeron a las casas de amigos y familias en lugar de a los centros de evacuación oficiales, lo que empeoró aún más las condiciones de hacinamiento. Los estudios también sugieren que el humo de los incendios forestales podría hacer que las personas sean más susceptibles a la Covid-19.

El humo y la bruma de los incendios forestales se ciernen sobre un viñedo en Sonoma, California, en agosto. Crédito: AP / Eric Risberg

Según Hornung, una serie de leyes de seguridad de California deberían ayudar a proteger a los trabajadores agrícolas durante estas crisis concurrentes. Según el Estándar de Emergencia por Humo de Incendios Forestales de California, los empleadores deben ofrecerles a los trabajadores mascarillas N95 cuando la calidad del aire empeora. El estado también regula cuánto tiempo los empleados pueden trabajar al aire libre en condiciones de calor extremo sin sombra ni descansos, y los empleadores deben tener un plan para proteger a los trabajadores de la Covid-19.

Pero aplicar dichas regulaciones puede ser una tarea abrumadora. En una entrevista reciente con The World, el jefe de Cal/OSHA, Doug Parker, dijo que su agencia depende de aproximadamente 200 funcionarios ejecutores de campo para inspeccionar aproximadamente 200,000 lugares de trabajo que pueden haber sido afectados por el humo de los incendios forestales.

David Hornung dice que los trabajadores agrícolas también pueden mostrarse reacios a criticar las condiciones de trabajo inseguras. Aproximadamente la mitad de todos los trabajadores de campo en Estados Unidos son indocumentados y muchos reciben poco o ningún apoyo sindical.

Los activistas laborales del condado de Sonoma dicen que ya están escuchando historias sobre viñedos que no siguen las reglas.

“Los relatos que escuchamos son muy difusos”, dijo Omar Paz, el organizador principal de North Bay Jobs with Justice, una organización sin fines de lucro del condado de Sonoma. Fue uno de los organizadores laborales que pasó una noche conduciendo entre viñedos con Guzmán. “Todo el mundo está trabajando todo el día o les preocupa la evacuación”.

En el caos posterior al comienzo del incendio LNU Lightning Complex, Paz dijo que un ex trabajador agrícola que conoce se puso en contacto con él. El trabajador dijo que tenía familiares que todavía estaban recogiendo uvas en dos viñedos cercanos. Los estaban presionando para que acabaran la cosecha rápidamente. “No les estaban proporcionando mascarillas”, dijo Paz, “y las que sí dieron, eran [mascarillas] quirúrgicas, no N95”.

En una entrevista reciente, el comisionado de agricultura del condado de Sonoma, Andrew Smith, dijo que no había escuchado directamente sobre estas acusaciones. Las organizaciones laborales han hecho afirmaciones similares en todo el territorio agrícola de California.

En una encuesta estatal en agosto pasado, United Farm Workers descubrió que el 84% de los trabajadores participantes no habían recibido mascarillas N95 por parte de sus empleadores. Según el portavoz de Cal/OSHA, Frank Polizzi, la agencia ha recibido 21 quejas sobre condiciones peligrosas por incendios forestales en granjas en las últimas semanas.

Cuando los incendios forestales amenazan los terrenos agrícolas, Paz dice que a empleadores y empleados se les incentiva a trabajar en condiciones adversas. Para los propietarios de los viñedos y granjas de California, el sector agrícola del estado es una industria de $50 mil millones, y éste es el comienzo de la temporada de cosecha para muchos de sus cultivos. El humo de los incendios forestales también puede dañar las uvas si no se recogen rápidamente.

Impacto económico

Para los trabajadores de campo, una mala cosecha puede ser económicamente devastadora. El trabajador agrícola promedio de California solo gana $18,000 al año, y a los trabajadores de los viñedos se les paga a destajo; según Zeke Guzman, a los trabajadores del condado de Sonoma se les paga entre $125 y $150 por tonelada de uva que recogen. Los trabajadores se ven obligados a cosechar tantas toneladas como sea posible, y Paz dice que esto sucede más este año, pues las comunidades enfrentan las consecuencias económicas de la pandemia de covid-19.

“La gente tuvo que utilizar los ahorros de toda su vida”, dijo. “Gastaron el dinero que guardaban bajo los colchones”.

Cuando comenzó la pandemia, se cerró toda la industria alimentaria, incluyendo restaurantes y cafeterías escolares. Los productores de California perdieron miles de millones, lo cual repercutió en sus empleados. Los trabajadores de campo comenzaron a perder sus empleos. Conforme se profundiza la recesión, Paz dice que más personas compiten por los empleos agrícolas disponibles. Las personas que fueron despedidas de los empleos de la industria alimentaria se dirigen al campo por primera vez.

“Tenemos gente [que estaba] trabajando en restaurantes y de meseros, cosas así”, dijo. “No son muy hábiles, están aprendiendo sobre la marcha. Tenemos personas que están dispuestas a aceptar recortes salariales sin preocuparse por cuestiones de seguridad — les conviene cualquier tipo de ingresos que puedan recibir”.

En el condado de Sonoma, los funcionarios locales, las organizaciones sin fines de lucro y los líderes empresariales distribuyeron decenas de miles de mascarillas N95 entre los trabajadores agrícolas durante el mes hasta la fecha, y una coalición de organizaciones comunitarias ayudó a los trabajadores agrícolas a evacuar y recibir los recursos que necesitan.

A nivel estatal, la Oficina de Servicios de Emergencia de California y el Departamento de Alimentos y Agricultura de California han enviado alrededor de 3.27 millones de mascarillas N95 a los comisionados de agricultura locales para su distribución. Mientras tanto, activistas como Omar Paz y Zeke Guzmán se están poniendo en contacto con los trabajadores y documentando sus relatos de infracciones laborales.

Guzmán también prevé la próxima crisis. Los incendios forestales podrían implicar la pérdida de más empleos y que más trabajadores tengan dificultades para pagar el alquiler. Si son indocumentados, tampoco podrán cobrar prestaciones de desempleo ni solicitar asistencia federal por catástrofe. Cuando se aceleró la pandemia la primavera pasada, California se convirtió en el primer estado de la nación en brindarles ayuda a sus residentes indocumentados.

El programa distribuyó pagos únicos de $500 a solo una fracción de la comunidad de indocumentados del estado, y el gobernador Gavin Newsom reconoció que no era suficiente. Las organizaciones sin fines de lucro del condado de Sonoma relanzaron su UnDocuFund para recaudar fondos para los miembros de la comunidad sin estatus, y Guzmán dice que necesita donaciones.

“Siento mucha lástima por los jóvenes hoy en día”, dijo, mientras conducíamos de regreso del campo. Guzmán ha sido activista desde que estaba en la escuela secundaria. Ahora tiene 68 años y éste es su tercer gran incendio forestal en cuatro años. Esta vez, casi se quemó su casa. El cambio climático está empeorando y él dice que las condiciones en los campos no mejoran.

“Los trabajadores agrícolas no pueden pagar los alimentos que cosechan para el resto de nosotros”, dijo Guzmán. Si no se aborda esa inequidad básica, dice, los trabajadores seguirán arriesgando su salud en los campos y siempre habrá empleadores que estén dispuestos a aprovecharse de ellos.

This story was produced by the Food & Environment Reporting Network. An original audio version appeared on KALW’s Crosscurrents and an expanded audio version was published by WorldAffairs.

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