Trump retorna a la Casa Blanca y alardea que “no hay que temer ” al COVID-19

October 5, 2020 - por

Trump retorna a la Casa Blanca y alardea que “no hay que temer ” al COVID-19

Tras su alta del hospital, al llegar a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump se quitó el cubrebocas. Foto Afp

Nueva York.

El presidente Donald Trump, aún contagioso, retornó a la Casa Blanca esta noche, declarando que se siente mejor que nunca y proclamando a un país con casi 210 mil muertos y más de 40 mil nuevos contagios diarios que no deben “temer” al Covid-19.

Por ahora, al presidente le urge recuperar su imagen de hombre fuerte y dejar de hablar de la pandemia. “¡Me siento muy bien! No teman al Covid. No dejes que domine tu vida… Me siento mejor que hace 20 años”, tuiteó desde el hospital esta tarde al informar que sería dado de alta ese mismo día. Varios médicos, expertos en salud pública y otros condenaron esas palabras como “irresponsables” ya que minan justo el mensaje de precaución que buscan difundir al público.

Pero al salir después de su cuarto día internado en el Centro Médico Militar Walter Reed en las afueras de la capital, nadie sabe qué tan enfermo, o no, está el mandatario. Expertos señalan que el coctel de medicamentos que le están administrando sugiere que padece de un caso severo de Covid.

Su doctor, el comandante Sean Conley -cuya falta de transparencia podrá ser resultado de que, como militar, está en la situación incómoda de ser un subordinado del comandante en jefe- advirtió que su paciente no estará completamente fuera de peligro por una semana más pero que ha mejorado lo suficiente para salir del hospital.

Mientras tanto, Trump -quien según los protocolos del Centro de Control de Enfermedades debería de aislarse por lo menos 10 días- regresó a una de las instalaciones más protegidas y seguras del mundo que ahora se está volviendo en un foco de brotes de Covid-19.

En la Casa Blanca, ademças de Trump, por lo menos otros 11 integrantes de su círculo han dado positivo de Covid-19, incluyendo esta mañana la vocera de la Casa Blanca Kayleigh McEnany. Los contagiados van desde el jefe de su campaña de reelección a dos de sus asesoras más cercanas, la presidenta del Comité Nacional Republicano, dos senadores, un ex gobernador y la primera dama.

Dentro de la Casa Blanca hay un ambiente de susto y desconfianza mientras todos aguardan saber quién es el próximo contagiado entre ellos, como también de ira contra los jefes, incluyendo el propio presidente y su jefe de gabinete Mark Meadows, por la falta de información durante la peor amenaza de salud a un presidente en décadas, reportan varios medios.

Algunos -entre ellos expertos en enfermedades contagiosas y también en el manejo de imagen- creen que el comportamiento de Trump durante los últimos días y su regreso a la Casa Blanca son parte de su manejo irresponsable de la pandemia a lo largo de este año. Señalan, por ejemplo, que varios de los recién contagiados en la Casa Blanca estuvieron presentes en un acto en el Jardín de las Rosas el sábado de la semana pasada donde no se guardó la sana distancia y muchos no usaron cubrebocas para complacer al presidente.

Más aún, después de confirmarse que su asesora Hope Hicks dio positivo el miércoles pasado luego de viajar y trabajar con el presidente, Trump decidó ignorar los protocolos para personas que han estado en contacto personal con casos positivos y viajó el jueves con una comitiva a un acto de recaudación de fondos en Nueva Jersey. El gobernador de ese estado ahora ha solicitado que todos los aproximadamente 200 asistentes a esa reunión se sometan a pruebas y consideren la cuarentena.

Y el domingo, aún en el hospital, Trump decidió violar las normas recomendadas por los expertos. “Fue una locura”, opinó el doctor James Phillips del Centro Médico Walter Reed al reaccionar a la decisión del presidente el domingo de salir de su sección aislada para subirse a una camioneta para saludar a sus fieles que se habían reunido frente al hospital. Señaló que los agentes del Servicio Secreto que lo tuvieron que acompañar “pusieron sus vidas en riesgo por teatro político”.

Una nueva encuesta de CNN registra que dos tercios de los estadunidenses opinan que el presidente se ha comportado de manera irresponsable con los que tiene a su alrededor desde que fue diagnosticado y desconfían de lo que informa la Casa Blanca sobre su salud. Mientras tanto un 60 por ciento reprueba el manejo de la crisis de salud pública por el presidente.

Justo antes de enfermarse, la estrategia electoral de Trump era buscar cómo desviar la atención de su flanco político más vulnerable: su manejo de la pandemia. Al contagiarse hizo lo opuesto y por ello la urgencia de salir del hospital y proclamarse conquistador del Covid-19 lo más pronto posible.

Para Joe Biden y los demócratas, todo esto fue un regalo ya que uno de los puntos centrales del argumento para expulsar al presidente vía el voto era su manejo irresponsable de la pandemia y sus consecuencias.

Por ahora, el próximo evento nacional en la contienda es el debate entre los candidatos a vicepresidencia, el republicano Mike Pence y la demócrata Kamala Harris, programado para el miércoles.

Las encuestas más recientes ofrecen razones para que Trump y su equipo se enfermaran realmente, o como algunos que se deleitan en conspiraciones sospechan, como un acto más del reality show presidencial. Un sondeo de NBC News/Wall Street Journal registra una ventaja de Biden por 14 puntos (fue de 8 puntos hace un mes); y aún más sorprendente, gozando un ventaja de 27 puntos entre los votantes de la tercera edad. Un promedio de las principales encuestas muestra que la ventaja de Biden se ha ampliado a 8.5 puntos, según el cálculo de RealClearPolitcs,

Aún más preocupante para Trump es un incremento muy reciente en la ventaja de Biden en algunos estados claves que podrían determinar el resultado final, como Pennsylvania y Florida y ahora en Arizona, donde la ventaja del demócrata se ha ampliado a 8 puntos en un estado que desde 1996 siempre ha votado por el candidato presidencial republicano.

Mientras tanto, la crisis de credibilidad nutrida por el gobierno de Trump ha llegado a un nivel donde ni el público estadunidense o la comunidad internacional cuentan con información básica y confiable sobre la salud del presidente del país más poderoso del planeta.