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Videos: Se cumplieron 58 años de la muerte de Javier Solís, el rey del bolero ranchero, el “Señor de Sombras”

May 19, 2024 - por

Videos: Se cumplieron 58 años de la muerte de Javier Solís, el rey del bolero ranchero, el “Señor de Sombras”

Siempre presente.

Ciudad de México

Javier Solís, uno de los mejores cantantes mexicanos de todos los tiempos, falleció hace 58 años. Aquel 19 de abril de 1966, miles de voceadores de periódicos, muchos de ellos menores de edad, salieron a las calles, se metieron a edificios, a vecindades, y a todo pulmón gritaban “¡ Murió el “Señor de Sombras”! ¡ Murió el “Señor de Sombras”!”. La gente no lo podía creer, si apenas contaba con 34 años y tenía poco tiempo de haberse instalado en el primer lugar del gusto popular. Por doquier se escuchaban sus melodías.

Javier Siria Levario, su nombre auténtico, pasó a mejor vida a las 5:45 de la mañana del 19 de abril en el cuarto 406 del Hospital Santelena de la Ciudad de México. Todo se debió a un desequilibrio electrolítico, alteración que también le provocaría problemas cardiacos y que fue producida por la colecistectomía a la que se sometió. Este desequilibrio fue derivado de que el cantante, en un descuido de su enfermera, desobedeció la orden que el médico Francisco Zubiría le había dado y que era la de no tomar líquidos, pero el intérprete se acabó una jarra de agua de limón aprovechando el descuido de la enfermera, y al volverse a poner grave fue cuando confesó lo que había hecho., como lo expresó su médico homeópata, Manuel Trillanes, de acuerdo a Wikipedia. Con esta versión se desmiente el mito de que Solís murió por comer hielo o un vaso de agua.

La noche del 12 de abril de 1966, Solís había sido internado debido a insoportables dolores en el estómago. A las 6:30 de la mañana del día siguiente entró a quirófano para que le retiraran la vesícula y el 18 de abril, el cantante ya comía y bebía agua, refresco de manzana y masticaba hielo, algo que disfrutaba mucho hacer.

Era tal el avance en su recuperación que ese mismo 18 de abril el médico Zubiria informó a Blanca Estela, su pareja, que Solís sería dado de alta el 21.

“Tú lo verás, no voy a llegar a viejo”, le decía a Blanca Estela. “Fíjate que tengo ganas de morirme a los 34 años”, confesó a Refugio Robles, pareja de su tío Valentín.

Ante la sorpresa de doña Cuca, Javier le explicó que no deseaba inspirar lástima al llegar a viejo y no poder cantar como lo hacía de joven.

Tal vez por eso el productor Felipe Valdés Leal apuró en lo posible la grabación de canciones por parte del ídolo mexicano: 300 temas en apenas 9 años de carrera.

Aunque hoy su música sigue sonando en México y otros países de Latinoamérica, aquel 19 de abril fue el final en este plano para el hombre que decía “no soy cantante, soy cancionero”.

Siempre sencillo, era pueblo

Solís era pueblo. Nacido el  4 de septiembre de 1931, antes de llegar a la cima como cantante fue carnicero, panadero, repostero, ayudante de mecánico, cantante en Garibaldi y en otros centros nocturnos como el Bar Azteca, en el centro de la Ciudad de México. A pocos metros del Salto del Agua se encontraba ese sitio donde cantaba y en la parte superior un billar a donde solía jugar con frecuencia. A todos saludaba como “manito” y luego de algunas partidas nocturnas, se vestía con atuendo de charro ya que iba a actuar en el entonces Televicentro – ahora Televisa-, a donde se dirigía caminando y con una mochila con su ropa. Era aclamado por los transeúntes. No dejaba de agradecer y saludar.

Se recuerda también aquél gesto con el dueño de un puesto de periódicos y revistas en la entonces avenida San Juan de Letrán – hoy Eje Central- y la calle de Ayuntamiento, que le hacia recortes de las notas y reportajes que aparecían sobre él. Solís los recogía cada semana y como aquél vendedor de medios no aceptaba pago alguno por sus servicios, le cantaba a capela lo que quisiera, no más de tres melodías. De pronto, cientos lo rodeaban y vitoreaban. ( El que esto escribe acredita ese episodio).

Así era el “Señor de Sombras”, el “Rey del bolero ranchero” cuyas canciones Llorarás, Cuatro Cirios, Si Dios Me Quita la Vida, Esclavo y Amo, En mi viejo San Juan ocupaban los primeros sitios de popularidad.

Su enfermedad

El intérprete llevaba, al menos, un par de años sufriendo  fuertes dolores en el estómago, pero debido a su apretada agenda, que incluía ya no sólo conciertos y grabaciones de discos, sino también películas, no se atendió adecuadamente y se limitaba a tomar algunos medicamentos o comer ensaladas para mitigar el malestar.

La leyenda que él mismo se inventó decía que era un yaqui nacido en Nogales, Sonora, pero la realidad es que nació en el barrio de Tacubaya, Ciudad de México, el 1 de septiembre de 1931.

Cuando apenas era un bebé, su madre -Juana Levario- lo dejó a cargo de su hermano, Valentín Levario, y de Ángela, la esposa de éste, quienes se convirtieron en los verdaderos padres del pequeño Gabriel Siria Levario.

Aun siendo niño, comenzó a trabajar. “Aprendiz de mecánico, panadero, repostero, diez años en el oficio de la carne”, recordaba en una entrevista de 1962 con la XEW sobre su vida.

“Mi vocación empezó por hambre”, aseguró en la misma charla al hablar de los 17 pesos que ganaba al día en la carnicería y que no le permitían solventar sus gastos personales. “No encontraba la salida”.

De Garibaldi a la fama

El destino o la buena fortuna lo llevó a conocer a unos amigos mariachis que lo invitaron a trabajar en Garibaldi. De ahí el inicio de un peregrinar entre agrupaciones , restaurantes, bares y centros nocturnos, pero también de una historia que parecería tocada por el velo de lo mágico, aunque de trágico final.

El punto más alto del cuento de hadas llegaría cuando, trabajando en un centro nocturno llamado El Azteca (ubicado en Eje Central, cerca del Hotel Virreyes) Julito Rodríguez Reyes, quien fuera primera voz de Los Panchos, lo escuchó y se le abrieron las puertas del paraíso.

“Necesitas que te oigan”, le dijo Julito”. “Me tuvo fe”, comentaba Solís sobre el hombre que lo llevó a hacer su primera grabación de un disco y quien lo presentó al compositor y director artístico Felipe Valdés Leal, quien supo que en aquel joven existía el potencial de una estrella y lo acogió bajo su tutela, aunque la historia no fue sencilla al principio, ya que Solís aún tenía prendida a su garganta la voz de Pedro Infante, la figura que imitó durante años.

Una vez que encontró su propia voz el ascenso fue vertiginoso. Cientos de canciones grabadas en menos de una década. Una película a otra se sucedían en apenas unos años de lo que él llamaba su “humilde carrera artística” e incluso había planes para grabar un disco nada menos que con Frank Sinatra.

Con Frank Sinatra.

“Tú lo verás, no voy a llegar a viejo”, le decía a Blanca Estela. “Fíjate que tengo ganas de morirme a los 34 años”, confesó a Refugio Robles, pareja de su tío Valentín.

Ante la sorpresa de doña Cuca, Javier le explicó que no deseaba inspirar lástima al llegar a viejo y no poder cantar como lo hacía de joven.

Tal vez por eso el productor Felipe Valdés Leal apuró en lo posible la grabación de canciones por parte del ídolo mexicano: 300 temas en apenas 9 años de carrera.

Aunque hoy su música sigue sonando en México, Colombia y otros países de Latinoamérica, aquel 19 de abril fue el final en este plano para el hombre que decía “no soy cantante, soy cancionero”.