Francia prohibió los smartphones en las escuelas

September 22, 2018 - por

Francia prohibió los smartphones en las escuelas

A pesar de la medida, no hay política, ya sea en casa o en la escuela, a la que un adolescente decidido no pueda darle la vuelta (iStock)

Los estudiantes de educación básica y media de Francia regresaron el lunes 3 de septiembre a las aulas sans smartphones. Una nueva ley les exige que dejen estos dispositivos adictivos en casa o que los tengan apagados durante toda la jornada escolar.

Esta ley draconiana, que afecta a niños franceses de entre 3 y 15 años, es el resultado de una promesa de campaña del presidente Emmanuel Macron, quien al igual que otros líderes europeos, considera que los dispositivos son un azote tecnológico con el que hay que lidiar a través de leyes severas. Es parecida a las otras leyes que se han implementado en otras jurisdicciones europeas como la región española de Castilla-La Mancha, que en 2014 implementó una prohibición para poner fin a la “batalla diaria” de los maestros con los estudiantes.

Al implementar la ley, con la que se extiende una prohibición existente con el fin de incluir los recesos y la hora de las comidas, los legisladores franceses seguramente tenían en mente investigaciones como la que llevó a cabo la London School of Economics en 2015 , donde se llegó a la conclusión de que las escuelas en las que se prohibieron los teléfonos tenían estudiantes con las calificaciones más altas.

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Las autoridades francesas esperan que la prohibición sirva para que los chicos cambien las pantallas por actividades saludables en el patio o para que participen en el coro de la escuela. Según algunos reportajes, el ministro de Educación de Francia, Jean-Michel Blanquer, dijo que “en estos días, los niños ya no juegan a la hora del recreo, solo están frente a sus smartphones y desde el punto de vista educativo es un problema”.

En mi opinión, esta política francesa es retrógrada y podría dejar a los estudiantes franceses congelados en la Edad de Piedra tecnológica. En vez de una prohibición, es mejor integrarlos a la didáctica e incentivar a los estudiantes para que no consulten las redes sociales durante la jornada escolar. Es más, es una política extremadamente hipócrita de parte de un hombre como Macron, quien se comprometió a transformar a Francia en una “nación de startups“, que ha hecho grandes esfuerzos para enfatizar su postura respecto a la tecnología al invitar a altos ejecutivos de tecnológicas a París y que incluso posó en su retrato oficial con dos iPhones.

En los muchos meses que he dedicado a la investigación para mi próximo libro sobre la adicción a los dispositivos electrónicos como crisis de salud mundial, me he dado cuenta de que está claro que no hay política, ya sea en casa o en la escuela, a la que un adolescente decidido no pueda darle la vuelta. En mis conversaciones con padres de familia de muchos países, he descubierto que la necesidad de que los padres y sus hijos estén en contacto en estos tiempos de incertidumbre (especialmente en Estados Unidos, con tantos tiroteos en escuelas) hace intolerable la prohibición al uso de los dispositivos en las escuelas.

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De hecho, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, derogó una prohibición al uso de smartphones que afectaba desde hacía una década a alrededor de 1.1 millones de estudiantes con el argumento de que obstaculizaba “la paternidad moderna”.

Diana Graber, escritora y maestra estadounidense, me dijo que a los estudiantes les beneficia tener acceso a la tecnología en las aulas. “Soy maestra y odio que los dispositivos distraigan a los alumnos en clase. Pero en el caso de los chicos mayores hay beneficios en aprender a usar la tecnología sabia y conscientemente. Los dispositivos son grandes herramientas de investigación y se pueden usar como calculadoras, herramientas de documentación, para tomar notas o para ver o crear videos educativos”.

Es obvio que hay que integrar la tecnología a las aulas sabiamente, aunque no faltan los maestros que se sienten frustrados por la intrusión de los teléfonos con sus alertas y sus funciones distractoras.

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* Michael Bociurkiw es analista de asuntos internacionales. Actualmente trabaja en su primer libro sobre la adicción a los dispositivos electrónicos y a las redes sociales. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor