Mexicano se gradúa en EU tras cruzar todos los días la frontera para ir a la universidad

June 20, 2018 - por

Mexicano se gradúa en EU tras cruzar todos los días la frontera para ir a la universidad

León Sánchez durante una celebración con motivo de su graduación de la Universidad de California en San Diego, California.

Tras vivir en el país 20 años sus padres fueron deportados hace cuatro años y él quedó a cargo del negocio de jardinería que tenía su papá, pero decidió mudarse con ellos y sus hermanos a México. Ninguno de esos obstáculos le impidieron lograr su mayor sueño: obtener un título universitario.

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LOS ÁNGELES

León Sánchez vivía con su familia en San Diego, donde su papá tenía un negocio de jardinería. Él estaba a punto de empezar la universidad cuando el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) detuvo a sus padres y los deportó a México.

Pero Sánchez no dejó que la deportación de sus padres lo frenara de cumplir su sueño de realizar sus estudios universitarios en Estados Unidos, el país donde había nacido y crecido. Decidió hacerlo aunque significara madrugar todos los días para cruzar la frontera para ir a las clases.

Hace cuatro años, justo dos semanas antes de iniciar clases en la Universidad de California San Diego (UCSD), recibió una llamada que le cambió la vida.

“Ven porque ya me agarraron”, le dijo su padre, según recuerda el joven en declaraciones a la agencia de noticias EFE.

Cuando llegó, su casa estaba rodeada de agentes migratorios, quienes le informaron que sus padres, que tenían más de 20 años viviendo en EEUU, habían sido detenidos y dado que ambos tenían una orden de deportación “no había nada que pudiera hacerse” para que permanecieran en el país.

Su padre le pidió que se hiciera cargo de los trabajos de jardinería que tenía programados para el resto del día, pues sospechaba que en cuestión de horas sería deportado a México.

Desde pequeños, tanto León como sus tres hermanos, hoy de 14, 18 y 25 años, ayudaban a su papá en el oficio.

Sánchez evaluó abandonar su plan de estudios superiores para hacerse cargo del negocio y ver por sus hermanos, pero fueron precisamente ellos quienes lo motivaron a seguir.

Tras ser deportados, el matrimonio Sánchez se fue a vivir a la ciudad mexicana de Rosarito, a unos 30 kilómetros de la frontera. Aunque todos los hijos de esta familia eran ciudadanos estadounidenses, optaron por mudarse con sus padres a México, pero no dejaron sus estudios en San Diego, al sur de California.

De la noche a la mañana tuvieron que adaptarse a una rutina que implicaba despertar todos los días a las 3:30 de la madrugada para hacer la larga fila en la garita fronteriza, en cuya espera León dice que aprovechaba para estudiar.

Aunque siguió sus estudios, este joven tampoco quiso abandonar el negocio de la jardinería, al fin y al cabo era el sosten familiar y con el que pagaba la universidad, así que por cuatro años combinó los estudios y el trabajo.

Ahora, tras cuatro años de madrugones y esfuerzos, León se graduará de la carrera de Ciencia Cognitiva, en una ceremonia que tendrá un tono agridulce, pues aunque lo acompañarán sus hermanos y tíos, sus padres no podrán estar presentes.

“Se siente un hueco, algo vacío, pero sé que están en la casa ¿Qué tanto son 30 millas?”, señaló el graduado en alusión a la distancia entre la universidad y la frontera.

“Estoy contenta, muy feliz y orgullosa de mi hijo, pero a la vez triste por no poder estar allá”, confesó Acacia Reyes, la madre del universitario.

La mujer lamenta los momentos que ha perdido con sus hijos a causa de la deportación, aunque está satisfecha de ver cómo han sobrepasado los obstáculos durante estos años en los que vio a su hijo “entusiasmado, pero muy cansado”, si bien nunca dejó que la rutina lo desalentara.

Para el joven de 22 años, el sacrificio valió la pena ya que pudo permanecer cerca a sus padres. Sabe que no todos los jóvenes que han sido separados de sus familias por cuestiones migratorias tienen la misma oportunidad.

“Es una gran meta terminar, decir que a pesar de todo lo que pasó ya tengo mi título”, resaltó.

No guarda rencor hacia los agentes migratorios que se llevaron a sus padres, pues “solo estaban cumpliendo con su trabajo” y, en todo caso, si hay que echar la culpa a algo es a las “leyes”, dijo.

“¿Qué se hace con enojar? No se gana nada, nomás se estresa todo, y pues yo puse la actitud de mi papá, ya pasó esto, olvídalo, ahora a seguir adelante”, reflexionó.

León Sánchez quiere ahora ejercer su carrera y dar terapia a niños con autismo, pero a la vez buscará la forma de mantener activo el negocio de jardinería de su padre.