Rediseñar la conferencia mañanera

May 20, 2020 - por

Rediseñar la conferencia mañanera

CIUDAD DE MEXICO
Tal  vez sea hora de rediseñar el principal instrumento comunicacional del Presidente. La conferencia de prensa diaria le permitió a López Obrador, desde la época en que encabezó el Gobierno de la Ciudad de México, fijar agenda política y ganar espacio para su proyecto en distintos medios informativos. La desde entonces llamada mañanera resultó muy creativa y rompió moldes para dar a conocer desde el gobierno puntos de vista y acciones emprendidas.

La cuestión ahora es, me parece, revaluar la conferencia cotidiana, su dinámica, pertinencia y efectividad. Nadie tiene la capacidad comunicativa de Andrés Manuel López Obrador, ni en las filas de su administración y menos en las menguadas fuerzas opositoras. En la última campaña presidencial, con pocos recursos para posicionarse en la prensa tradicional, encontró formas de hacer llegar mensajes a la población que después eran replicados en las que denominó benditas redes sociales. La magra inversión lopezobradorista en prensa fue milagrosamente multiplicada gracias a ejercicios difusores realizados por una buena parte de la sociedad civil.

El Presidente ha continuado con su modelo de comunicación y el mismo comienza a evidenciar puntos débiles, que de solucionarse podrían inyectarle nuevos bríos a la conferencia mañanera. Una manera de hacerla más dinámica es delimitar el tiempo que dura el encuentro con reporteros y reporteras. Frecuentemente AMLO está en el atril y el micrófono más de una hora y, en no pocas ocasiones, ha excedido 90 minutos. Bien podría ceñirse máximo a una hora, anunciar que, cumplido el periodo, termina la conferencia y si quedan temas pendientes informar mediante comunicados escritos, boletines de prensa.

Directamente proporcional a la extensión temporal de las mañaneras es la probabilidad de divagar e incurrir en dislates y gazapos. Además el Presidente es dado a improvisar, externar pareceres y estados de ánimo que no coadyuvan a mantener la ecuanimidad ni estimulan el análisis detenido de un equis tema sobre el cual fue preguntado. Andrés Manuel López Obrador es instintivamente hábil ante los cuestionamientos y podría obtener mayor ventaja de tal habilidad de no extenderse, ni ser reiterativo, al responder preguntas recurrentes y fuera de lugar.

Al Presidente le gusta el beisbol y sabe, como buen conocedor del deporte brillantemente narrrado por el Mago Septién, que un buen bateador no le tira a todas las bolas. Unas hay que dejarlas pasar, otras evitar que lleguen a zona de strike y unas más saber leerlas para pegar de hit o saborear la gloria del jonrón. Tirarle a lo que venga es ponerse de pechito ante quienes buscan el ponche. Prácticamente AMLO responde, o intenta hacerlo, a todas las preguntas que le lanzan. En muchas ocasiones es mejor dejar pasar la interrogante o comentario a que son dados varios asistentes cotidianos a la mañanera. Nadie puede tener datos acerca de todo, y es temerario intentar siquiera bosquejar respuestas carentes de sustento. López Obrador con frecuencia cita la Biblia, posiblemente podría recordar para sí mismo, cuando alarga el tiempo y es prolijo en palabras, dos citas de Proverbios: El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua (10:19) y El que retiene sus palabras tiene conocimiento, y el de espíritu sereno es hombre entendido (17:27, Nueva Versión Internacional).

Es frecuente que durante las conferencias de prensa diarias AMLO abra frentes que disminuyen su atención de asuntos más urgentes para la ciudadanía. En distintas ocasiones, perdiendo el timing político, ha caracterizado erróneamente causas y movilizaciones ciudadanas y al hacerlo siembra justificadas molestias en el colectivo estigmatizado. Fue el caso de las vigorosas demostraciones de las mujeres antes de la emergencia sanitaria causada por el Covid-19, que minimizó en lugar de reconocerles la justeza por la cual salieron masivamente a las calles. Después, en pleno enclaustramiento para intentar disminuir el contagio de la pandemia, el Presidente, contradiciendo datos de su propio gobierno y abundante información de organizaciones que acompañan a mujeres víctimas del machismo, declaró que no había aumentado la violencia doméstica. Fue más allá, e hizo una descripción idílica del núcleo familiar mexicano: La familia en México es excepcional, es el núcleo humano más fraterno, esto no se da en otras partes, lo digo con todo respeto. Entonces si queremos medir violencia familiar en México con los mimos parámetros de otras partes del mundo no aplica del todo. Sin duda hay familias fraternas, otras son nidos de alacranes.

AMLO tiene abundantes herramientas para reorientar las mañaneras, hacerlas más llamativas y menos rijosas. Si bien es cierto que tiene adversarios que usan distintas tribunas para difundir fake news, el Presidente posee reservas morales para saber confrontarles sin soltar una y otra vez adjetivaciones que se desgastan de tanto usarlas.