Pandilleros gobiernan cárceles con migrantes, asegura un guatemalteco, quien pasó 15 meses bajo custodia de ICE

September 24, 2018 - por

Pandilleros gobiernan cárceles con migrantes, asegura un guatemalteco, quien pasó 15 meses bajo custodia de ICE

La organización Freedom for Immigrants asegura que a través de visitas que ha realizado y llamadas de inmigrantes detenidos en las prisiones Theo Lacy y James Musick ha documentado "incontables abusos, como negligencia médica y abuso físico". Foto: Getty Images.

La organización Freedom for Immigrants asegura que a través de visitas que ha realizado y llamadas de inmigrantes detenidos en las prisiones Theo Lacy y James Musick ha documentado “incontables abusos, como negligencia médica y abuso físico”. Foto: Getty Images

Jeremías Estrada cuenta que sintió mucho miedo cuando se topó por primera vez con un hombre que tenía en la frente el infame tatuaje con las letras “MS”. Se trataba de un pandillero de la Mara Salvatrucha (MS-13), la misma banda a la que temía en su natal Guatemala. Ese encuentro se dio en una instalación “segura” donde lo puso el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) mientras un juez federal revisaba su pedido de asilo: la cárcel Theo Lacy del sur de California.

“Es el lugar donde uno cree que no va a encontrar a un pandillero. Crees que vas a estar lejos de este tipo de personas, pero lamentablemente me tocó convivir con ellos. Es lo más irónico”, dice Estrada, quien fue deportado el 5 de septiembre tras pasar 15 meses en cárceles del condado de Orange por dos extenuantes apelaciones. Al final, este hombre rogó que lo expulsaran del país para recuperar su libertad.

“Es una tortura estar ahí”, asegura este centroamericano de 34 años que finalmente se reunió con su esposa y sus dos hijos de 4 y 6 años. Su familia no ha podido regresar a Guatemala porque –según él– lo han amenazado de muerte por participar en protestas políticas.

En mayo de 2017 Estrada se presentó en la garita de San Ysidro pidiendo asilo, luego de participar en una caravana migrante que viajó de Chiapas a Tijuana. Todo ese sacrificio fue infructuoso, porque regresó con los suyos sin nada. “Deberían darnos un trato más humano, más justo”,advierte el migrante.

Apenas ingresó a Theo Lacy, se enteró que el penal no solo estaba en manos de los agentes del Sheriff. Según su testimonio, había pandilleros agresivos allí y en la prisión James Musick, que imponían sus reglas a punta de golpes y eran los intermediarios entre los detenidos y los oficiales.

Al jefe le apodaban ‘El Repa’ y a su asistente ‘El Mouse’. Él no tenía ni idea de que estaba junto a la violenta banda carcelaria ‘Los Paisas’, integrada por mexicanos que han purgado condenas por asesinatos, narcotráfico, contrabando de armas y otros delitos graves en prisiones federales y estatales.

El dominio de ‘Los Paisas’

“Al entrar a (la cárcel) Theo Lacy me dijeron: ‘El Repa’ es este y lo que él dice, eso es. Si quieres alegar solo vas a conseguir una golpiza en el baño”, relató Estrada. “Ordenaban que golpearan y que intimidaran a compañeros para que siguieran las órdenes de ellos”.

De acuerdo con su versión, los propios agentes del Sheriff pedían a los detenidos que hablaran con el reo al que apodaban ‘El Mouse’ para resolver cualquier inquietud. Desobedecer esa norma era motivo de una “calentada”, como le decían a la golpiza que los pandilleros les daban en el baño.

“Atacaron a uno y le quebraron la nariz. Al final el Sheriff en vez de protegerlo lo mandó al ‘hoyo’ (la celda de confinamiento con la cual castigan a los que no siguen las reglas)”, contó él.

“Por eso es que los pandilleros gobiernan en esas cárceles”, explica y agrega que “para evitar conflictos y recibir una paliza por parte de ellos lo mejor es quedarse callados”.

‘El callejón del terror’

Este centroamericano solo estuvo dos meses y medio en Theo Lacy, una cárcel de máxima seguridad, pero dice que fueron suficientes para no olvidar el maltrato que padeció ahí. Cada vez que acudía al comedor comunitario tenía que lidiar con peligrosos delincuentes y pandilleros que acosaban a los migrantes, los cuales llevan uniformes de color amarillo. Los otros vestían de naranja y rojo.

A esa experiencia la comparaban con ‘cruzar el callejón del terror’. “Tienes que pasar a la par de estos señores que están pagando condenas criminales. En una ocasión uno de ellos se le fue encima a un compañero y se hizo un pleito. Nos atacaron, nos dieron una paliza. Tuvimos que salir corriendo”, recuerda.

Para evitar que lo atacaran, Estrada llegaba al comedor con la cabeza agachada y sin decir una palabra. “Me daba miedo pasar a la par de estos tipos, porque te intimidaban y te querían comer con la mirada”.

Ese no era el único problema. También había que obedecer a ‘Los Paisas’ en las unidades destinadas para los migrantes. Este migrante asegura que una vez lo increparon porque se le acercó a un agente del Sheriff para saber cómo activar la clave para hacer llamadas telefónicas.

“El oficial me dijo: ‘habla con ‘El Mouse’’. Nomás salió el oficial de la barraca (unidad) y me cayeron tres o cuatro pandilleros preguntándome qué le había dicho”, relató. Tras explicarles su duda, aquellos le advirtieron: “No le subas al tono porque no sabes con quién te estás metiendo”.

Las otras reglas del penal

Según el experto en pandillas Gabe Morales, ‘Los Paisas’ tiene normas “generales” que piden respetar a los jefes de grupo, no agredir a otros detenidos, exponer cualquier conflicto ante ‘El Repa’ y no hacer negocios con otras bandas del penal.

“Recuerda, paisano, nosotros no somos una pandilla. Nos encontramos en esta situación y debemos respetarnos y ayudarnos unos a otros para superar esto. Entonces no causes problemas”, dice un decálogo de la banda proporcionado por el analista.

Pero Estrada asegura que en su unidad les exigían acatar otras reglas como no caminar por las noches, ni acudir al baño sin el permiso de los jefes. También, de acuerdo con su testimonio, tenían una norma “sin sentido”: no pasar por encima de un borde de unos 45 centímetros de alto y que no dividía nada especial dentro de la unidad. Cree que solo lo exigían para mostrar su poder.

“Te decían que no brincaras ese borde o te golpeaban. Vi como a tres compañeros a los que golpearon porque no lo sabían. No tenía lógica, ni sentido. Era algo tonto”, mencionó.

Univision Noticias envió un mensaje al Sheriff de Orange exponiendo las quejas relatadas por este migrante. La agencia respondió que “sigue los estándares de detención establecidos por el gobierno federal y aloja a los detenidos en base a estos”.

El Sheriff no aclaró si tenía conocimiento de lo que estarían haciendo los pandilleros. “Si se determina que un detenido es un riesgo para la seguridad ya sea al ingresar a la instalación o durante su estadía, se vuelve a evaluar su ubicación de la cárcel”, agregó la agencia policial.

Bajo más trauma

La organización Freedom for Immigrants mencionó que a través de visitas que ha realizado y las llamadas de inmigrantes detenidos en Theo Lacy y James Musick ha documentado “incontables abusos, como negligencia médica y abuso físico”.

“Solicitantes de asilo como Jeremías Estrada vienen a EEUU en busca de refugio y en lugar de eso son puestos bajo más trauma. Son colocados en cárceles para inmigrantes y prisiones que están llenas de abuso y donde no hay supervisión”, expresó el grupo activista en un comunicado enviado a esta redacción.

“Nadie está a salvo en este tipo de condiciones en las que prolifera la impunidad”, agregó.

Los oficiales del Sheriff en Theo Lacy han sido acusados varias veces de agredir a los detenidos y permitir que otros lo hagan. Un gran jurado encontró en 2008 que estos miraban la televisión, jugaban videojuegos y dormían, mientras dejaron que los reclusos “usaran la brutalidad y la intimidación para mantener el orden en las unidades”.

“Lo que él (Estrada) ha sufrido es un ejemplo de los maltratos que pasan quienes están pidiendo asilo”, dijo la activista María Elena Young, voluntaria del grupo Friends of Orange County Detainees, el cual apoyó a este migrante y abrió una cuenta en GoFundMe para ayudar a su familia.

El abogado de Estrada, Joe McKeever, explicó que la estancia de su cliente en cárceles de Orange se extendió por dos apelaciones. Incluso cuando este pidió que lo deportaran, los agentes de ICE tardaron 25 días para hacerlo, y una vez hasta lo bajaron de un avión. “Ellos desaceleran todo el sistema. Se mueven muy despacio”, reclamó el litigante.

A decir del abogado Alex Gálvez, cada apelación a un pedido de asilo tarda alrededor de un año. Por eso pocos soportan permanecer tras las rejas y bajo duras condiciones, mientras sus casos están en el limbo. “Prefieren tirar la toalla que seguir batallando”, señaló.

Jeremías Estrada y su esposa, el día de su boda. Crédito: Suministrada

Fuera de la cárcel

Tras las rejas, este centroamericano escribió un par de poemas cortos que exponen la difícil situación de los migrantes en las cárceles de ICE. Esto dice uno:

“Deseando la libertad, en la bella montaña yo vi la nieve volar;
y sobre la nieve al sol cabalgar. Jugaban tan felices, 
con tanta libertad, y yo los envidiaba;
y deseaba con tantas ganas poder volar”.

Jeremías Estrada se reunió con su familia a principios de septiembre. Pasó 15 meses sin ellos y de inmediato notó que sus hijos habían crecido: “A mi hijo más grande lo encontré en la escuela, al otro jugando carritos. Cuando me vieron me dieron el abrazo más grande que he sentido de mis pequeños”.

Ese encuentro, dice, no lo puede describir exactamente con palabras. “Fue como volver a nacer.No sé cómo explicarlo, fue una gran emoción, es un alivio grande volverlos a ver”.